Puede que las personas que uno quiere nunca terminen de marcharse.
La caída del leviatán
James S. A. Corey
Amén a eso.
Los nombres anteriores eran VIVA ESPAÑA y Mi blog (original, ¿eh?). No es que sea un blog heterodoso, como el de Pepiño. Directamente, es políticamente incorrecto. Para la progresía, quiero decir.
Puede que las personas que uno quiere nunca terminen de marcharse.
La caída del leviatán
James S. A. Corey
Amén a eso.
Alrededor de cinco mil páginas después, terminó la saga -iba a decir más larga, pero no sé si la de La torre oscura de Stephen King la supera… por ahí le andará; y ahora caigo en que el entramado Robots/Imperio/Fundación de Asimov también es considerable- de ciencia ficción que empecé pensando que era un solo volumen y que ha terminado siendo mi lectura desde la vuelta del verano (salvo ese primer volumen, que leí hace años).
La trama se ha ido complicando -en el buen sentido-,
con implicaciones morales, políticas y hasta filosóficas. Han surgido un montón
de personajes que luego han desaparecido sin dejar ni rastro (la predicadora
lesbiana, el hijo de Naomi). Al final, como suele suceder siempre, la trama de
miles de páginas se resuelve en apenas unas docenas. Y todavía quedan un montón
de cuestiones pendientes, que quizá es mejor que permanezcan en el misterio: ¿qué
ocurrió antes del comienzo de la saga? ¿Qué pasó durante los mil años que
transcurren entre el desenlace y el epílogo? O, parafraseando a Isaac Asimov,
¿qué sucede en los innumerables huecos, resquicios y espacios que hay entre las
distintas novelas?
Parte de lo anterior se narra en las distintas
historias contenidas en Memory’s Legion, volumen que, hasta donde sé, no
ha sido publicado en español.
Siguiendo mi teoría de trilogía de trilogías, este octavo volumen sería el nudo del desenlace. Y, en efecto, el escenario queda establecido para la confrontación final contra los verdaderos enemigos de toda la saga, enemigos que todavía no han hecho acto de presencia más que como meras sombras o referencias.
En la línea de ir atando cabos, o cerrando tramas, hay personajes que fallecen, bien de muerte natural -lo extraño era que hubieran durado tanto-, bien en el cumplimiento del deber. La única posible sorpresa -posible sólo en la novela, puesto que en imagen real habría sido difícil mantenerla tanto tiempo- es que un personaje que aparece ex novo resulta no ser tan nuevo. Lo cual viene justificado por la aparición de un nuevo personaje POV, Teresa Duarte, que también ve con ojos nuevos a individuos como Alex o Naomi, a los que los lectores conocemos desde hace ya muchas páginas.
Según Wikipedia, la Tiamat del título es la deidad primordial del mar salado perteneciente a la mitología babilónica, también asociada a un monstruo primordial del caos con la apariencia de una gigantesca serpiente o dragón marino. También de acuerdo con Wikipedia, en el artículo dedicado al libro, esta diosa tomó parte en la creación del Universo. Tomando en conjunto ambas referencias, podría interpretarse que equivaldría a los misteriosos entes que destruyeron la civilización de los creadores de la protomolécula, y su ira sería la provocada por las acciones del imperio laconio.
El séptimo volumen de la saga de The Expanse sería, además, la primera parte de la última trilogía. O, diciéndolo de otro modo, el planteamiento del desenlace.
De modo parecido a lo que ocurre con la tercera trilogía de La guerra de las galaxias -no sé por qué, pero en mi mente busco paralelismos entre ambas sagas-, han pasado varias décadas desde el volumen anterior.
Pero, a diferencia de la historia creada por George Lucas, aquí
no ha surgido una nueva generación de héroes, sino que los mismos de siempre
-James Holden, su tripulación y la Rocinante- siguen al pie del cañón, aparentemente
(bastante) inmunes al paso del tiempo.
Tampoco acaba de surgir el enemigo
definitivo, sino que se da protagonismo a la facción de marcianos que, tras
robar la protomolécula, se marcharon a Laconia. Probablemente, el nombre sea
intencionado, ya que coincide con el de la Esparta de la antigüedad, también
una sociedad profundamente militarizada.
A diferencia de otros libros de la saga, aquí
no todos los protagonistas -me refiero a la tripulación de la Rocinante-
salen bien librados cuando termina la novela. Hay prisioneros, y hay hasta
muertos. Al igual que al final de El ataque de los sith, parece que han
ganado los malos…
En cuanto a la Persépolis del título, corresponde a la que fuera capital del imperio aqueménida. Según Wikipedia, su edificación formó parte de un vasto programa de construcciones monumentales enfocadas a enfatizar la unidad y diversidad del Imperio persa aqueménida, la legitimidad del poder real y mostrar la grandeza de su reino. Las obras de Persépolis atrajeron trabajadores y artesanos venidos de todas las satrapías del imperio. Algo parecido a lo que supone Laconia en el curso de esta saga.
De acuerdo con mi tesis de trilogía de trilogías, este sexto volumen de la saga de The Expanse sería el desenlace del nudo: es decir, que se terminaría de dejar planteado el escenario para, a partir del siguiente volumen, empezar a ir resolviendo cosas.
Y con este planteamiento en mente, la cosa
podría ser así. Tras la devastación causada en la Tierra por la Armada Libre, los
buenos contraatacan y, al estilo de lo que pasa en El retorno del
Jedi (no dejo de pensar en los paralelismos entra ambas sagas, aunque en
ésta la fecha de salida se corresponde con el desarrollo cronológico de la
trama), logran derrotar a los malos. No sólo eso: el final del volumen
podría servir de final de la saga -con el tráfico libre a los mil trescientos
mundos y un organismo encargado de dirigir ese tráfico-, de no ser porque
sabemos por qué desaparecen algunas naves, pero no quién las hace desaparecer…
y por la figura del almirante Duarte, a no dudar el villano final.
En cuanto a la Babilonia del título, resulta difícil pensar que no se está haciendo referencia a la Tierra, que además se encuentra cubierta de cenizas tras los acontecimientos de Los juegos de Némesis.
En alguna parte he leído que este quinto volumen es El imperio contraataca de esta saga… quizá solo por estar en mitad de la trilogía central (entonces única, luego segunda sin tercera), pero sin revelaciones tipo yo soy tu padre y, eso sí, con un cliffhanger de libro. Además de la mayor matanza espacial desde la destrucción de Alderaan. En resumen, estamos en el nudo de la trilogía nudo. A partir de aquí, las cosas han de empezar a resolverse, aunque queden cuatro novelas para ello.
Centrándonos en la novela en sí, presenta la
novedad de que la tripulación de la Rocinante se dispersa al principio del
volumen por todo el Sistema Solar (humanamente habitable, se entiende), y no se
reúnen hasta el final, permitiéndonos, mientras tanto, conocer parte de su
pasado antes de conocerse… al tiempo que vamos recuperando personajes
secundarios de las entregas anteriores.
En lo que se refiere a las connotaciones
mitológicas del título, Némesis era la diosa de la justicia retributiva, la
solidaridad, la venganza, el equilibrio y la fortuna. Castigaba a los que no
obedecían a aquellas personas con derecho a mandarlas y, sobre todo, a los
hijos que no obedecían a sus padres. Aunque en el lenguaje usual en español y
otros idiomas romances, hoy día se usa la palabra Némesis o némesis con el
significado de una venganza que ejerce justicia retributiva, o una persona que
es el principal enemigo de otra.
Es en este último sentido -por más que la novela esté escrita en inglés- en el que podríamos considerar que se emplea esta figura mitológica, como la retribución que los cinturianos de la Armada Libre aplican sobre aquellos que consideran que merecen su castigo: la Tierra, Marte y la Alianza de Planetas exteriores.
Si asumimos, como he hecho yo, que los nueve libros de The Expanse pueden agruparse de tres en tres, siendo cada trilogía uno de los clásicos elementos de planteamiento, nudo y desenlace, y que dentro de cada trilogía funciona la misma regla para cada volumen, este cuarto libro de la saga sería lo que podríamos llamar el planteamiento del nudo.
Llamadlo sesgo de confirmación, pero es lo
que parece. Si en los tres primeros libros se planteaba (o se plantaba) el
escenario, y una miríada (casi literalmente) de posibilidades se abría al final
del tercer volumen, en éste empiezan a pasar cosas -se aterriza en un planeta
extrasolar- al tiempo que se establece un nuevo escenario, más amplio, en el
que es presumible que ocurran más cosas.
Como sucedía en los anteriores volúmenes, la
cosa avanza parsimoniosamente hasta las páginas finales, en las que todo se
resuelve. Aparecen personajes secundarios de las anteriores novelas, al tiempo
que alguno desaparece definitivamente… ¿o no?
Los personajes, por otra parte, actúan (en mi opinión, claro está) de un modo que podríamos llamar realista: ni melodramáticos ni acartonados, reaccionan en base a emociones reales y genuinas, que van del amor a la curiosidad, de la obediencia ciega al puro interés político, de la lealtad a la observancia de unos ciertos principios morales.
En cuanto a la referencia mitológica del título, Cíbola es una ciudad legendaria llena de riquezas, que durante la época colonial se suponía en algún lugar del norte de la Nueva España, en lo que hoy es el norte de México y el suroeste de Estados Unidos. La palabra Cíbola procede de cíbolo, nombre español hoy desusado que se daba al bisonte, ya que el territorio del legendario reino en donde se suponía la existencia de las siete ciudades se extendía hasta las praderas en donde (hasta mediados del siglo XIX) existían millones de estos animales. Cabe suponer que la Cíbola del título sería el mundo en el que se desarrolla la mayor parte de la trama, trama que incluye un desastre de proporciones planetarias.
En este tercer volumen de la saga de The Expanse, los autores continúan, desde mi punto de vista, con el planteamiento de la situación. Si consideramos la saga en su conjunto como una trilogía de trilogías, esta novela culminaría la primera de esas trilogías y, por lo tanto, remataría lo que en una obra normal sería el planteamiento.
En efecto, los hechos narrados en los dos
primeros libros conducen a la situación en que se encuentra la humanidad en
este: la tecnología alienígena ha creado una zona, más allá de Neptuno -queda
claro que las novelas se escribieron cuando Plutón ya había sido degradado
a planeta enano-, llena de portales estelares, que sentarán el escenario
para las siguientes novelas.
Se mantienen algunos elementos de las novelas
anteriores: salvo los tripulantes de la Rocinante, en general no se
repiten personajes, al menos no personajes en función de los cuales se narre la
acción-, aunque el número de los mismos es (tiro de memoria) bastante inferior
al de los de Canción de hielo y fuego; se ha producido un salto
temporal, ligero pero perceptible, entre el final de La guerra de Calibán y
el comienzo de La puerta de Abadón; sigue sin aclararse el origen de la
protomolécula; los autores no tienen escrúpulos en presentar personajes que
fallecerán antes del final de la novela; y la trama se desarrolla de un modo que
podríamos llamar, siendo benevolentes, parsimonioso, y lento si somos
inmisericordes.
Para terminar, investigaré en cada novela qué significa el nombre propio que aparece en el título y qué relación puede tener con la trama. Además, incluyo aquí los relacionados con las dos primeras novelas, puesto que la idea se me ha ocurrido a la hora de atacar el comentario de la tercera (conocía tanto leviatán como Calibán).
Leviatán es una bestia marina gigante narrada en la Biblia. Su creación por Dios se encuentra en el Génesis y Job describe su aspecto físico con semejanzas a un dragón. Parece evidente que se trata del monstruo (en sentido quizá figurado) que amenaza la existencia de la humanidad.
Calibán es el nombre de un personaje de La
tempestad, de William Shakespeare. En dicha obra, Calibán representa la idea de
salvaje primitivo, esclavizado por el protagonista, Próspero, y representa los
aspectos más materiales e instintivos del ser humano, frente al otro sirviente
de Próspero, Ariel, que representa lo elevado y lo espiritual. Este personaje
ha sido reutilizado por la literatura posterior, reinterpretándolo como un
símbolo de la idea de hombre natural de Rousseau, del materialismo
frente al idealismo, de las clases sociales oprimidas por el capitalismo o de
los pueblos colonizados. Francamente, no se me ocurre a quién o qué podría
referirse de entre todo lo que ocurre en la novela.
Abadón, Abaddón o Apolión es el nombre en hebreo y en griego de un ángel mencionado en la Biblia. También se utiliza para designar un lugar. Por un lado, en el Antiguo Testamento o Torá, Abadón se refiere a un abismo insondable, generalmente vinculado al mundo de los muertos, el Sheol. En el Libro de Job, aparece como la muerte personificada. Por otro lado, en el libro del Apocalipsis, del Nuevo Testamento, Abadón es el nombre de un ángel, descrito como el rey de un ejército de langostas. Según algunos autores, Abadón sería uno de los más importantes generales del Infierno. O, por el contrario, un representante de Dios, que ejecuta su obra de destrucción según ordena Dios y lidera la plaga de langostas que se lanzará sobre los enemigos de Dios, al Final de los Tiempos. Teniendo en cuenta la amenaza potencial que yace al otro lado de los portales estelares, parece claro que Abadón sería la estación que se encuentra en el centro de lo que los personajes bautizan como zona lenta.
Ya dije, cuando comenté el primer libro de esta saga, que esperaría a tenerla completa antes de atacar el resto, para que no me pasara lo de Canción de hielo y fuego, que se ha quedado a la mitad (es un decir) y no lleva, de momento, visos de que la rematen.
Afortunadamente, James S. A. Corey son (sí,
porque el pseudónimo engloba a dos personas) un autor mucho más fiable que
Martin, y a una cadencia de aproximadamente un libro por año han logrado darle
fin. Eso me va a permitir un símil literario de lo que hacía en el colegio
cuando, a la hora de comer, ponían calamares a la romana: me iba tomando los
calamares, dejando aparte el rebozado, que me tomaba todo junto al final,
porque (suelo decir) era lo que de verdad me gustaba. Pues meterme cuatro o
cinco mil páginas del tirón va a ser más o menos lo mismo.
Cuando empecé este volumen, recordaba un poco
la trama general del primero, aunque no todos los detalles. Sí tenía claro que
la llegada (o la aparición), en un sistema solar colonizado por la humanidad
(en un futuro indeterminado), de una molécula sospechosamente parecida
al virus tecnoorgánico de los tebeos de Marvel era el elemento que
desencadenaba todo.
No ha resultado difícil volver a meterme en la materia. Han aparecido nuevos personajes, aunque las facciones (terrestres, marcianos y cinturianos) se mantienen, y la acción se va complicando poco a poco. Sin embargo, teniendo en cuenta que todavía no he rematado el primer tercio de la saga, la cosa tiene más de ir disponiendo las piezas sobre el tablero que otra cosa.