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sábado, 5 de octubre de 2024

Theodore Boone. El cómplice

Este libro es especial (para mí) por dos razones puramente subjetivas. La primera, que con su lectura me pongo al día de libros comprados. De acuerdo, todavía me quedan ocho volúmenes de The Expanse -con los que empezaré a continuación-, veinticinco de La espada de la verdad y veinticuatro -de los cuales todavía me quedan por adquirir siete- de la serie de Tarzán, pero ese medio centenar largo nunca entró en las cuentas; y la segunda, que es el primer libro que adquirí tras el fallecimiento de mi padre el pasado verano.

Pasando al ámbito objetivo, el que parece ser -al menos, de momento- último libro de la serie mantiene las constantes de los anteriores: un caso más o menos sencillo le sirve a Grisham para exponer lo que él considera un fallo del (de nuevo según su consideración) bastante decente sistema legal estadounidense, viéndolo a través de los ojos de un chaval que, todo sea dicho, resulta a veces un poco repelente.

¡¡¡VIVA ESPAÑA!!!

jueves, 19 de septiembre de 2024

La lista del juez

Leyendo esta novela de Grisham me ha venido a la memoria Mr. Mercedes, de Stephen King. Desde el principio (o casi) sabemos quién es el asesino. La novela sólo nos tiene que contar cómo los héroes logran descubrirle y, en sucesivos flashbacks, el modo en que se produjeron los crímenes.

No es de las mejores novelas de Grisham, pero entretiene y se lee casi de un tirón. Y eso, en los tiempos que corren, ya es bastante.

¡¡¡VIVA ESPAÑA!!!

miércoles, 18 de octubre de 2023

La gran estafa

Cuando John Grisham comenzó a publicar, iba prácticamente a éxito por novela: Tiempo de matar, La tapadera, El informe pelícano, Cámara de gas, El cliente… Probablemente, ello se debiera a una combinación de tres factores: el buen oficio del escritor, la novedad del género del thriller judicial… y las adaptaciones cinematográficas de esas novelas, todas ellas con actores de primera fila.

Con el tiempo, dejaron de hacerse (tantas) adaptaciones a la gran o a la pequeña pantalla, el autor probó en otros géneros, y la novedad disminuyó. Sin embargo, una novela de Grisham es sinónimo de entretenimiento, al menos para mí.

Hay que reconocer que esta en concreto no será la bomba -que está escrita con el piloto automático, o casi-, pero se lee en un suspiro, y entretiene. Poco más que decir de ella, salvo que no me queda claro si el título original (The Rooster Bar) se refiere a un bar o a un abogado (barrister).

Y, como siempre, Grisham deja caer sus opiniones políticas pero, al menos, no te las arroja a la cara, como hace Stephen King.

¡¡¡VIVA ESPAÑA!!!

domingo, 24 de septiembre de 2023

El sueño de Sooley

De vez en cuando, John Grisham se aparta de la temática puramente legal y aborda otros temas. En este caso, se centra en la figura de un jugador de baloncesto sursudanés, que sólo en un año pasa de ser un diamante en bruto a otro perfectamente tallado y pulido.

El estilo de la novela me ha resultado algo más desgarbado que de costumbre, algo más forzado, por decirlo de alguna manera. Eso sí, como ya he dicho otras veces, no deja de traslucir su ideología profundamente demócrata (en el sentido partidista estadounidense), aunque con mucha menos estridencia que Stephen King.

Y, cuando llegué al final, no pude evitar acordarme del caso de Len Bias.

¡¡¡VIVA ESPAÑA!!!

jueves, 30 de junio de 2022

Los guardianes

Otro libro corto de Grisham que, precisamente por eso (y por el estilo ameno del autor), se lee con rapidez. Es también otra de las que podríamos llamar novelas de tesis del autor, puesto que está claro que la historia no es más que un vehículo para exponer su opinión sobre un tema determinado; en este caso, el de aquellos que son condenados injustamente (por ser inocentes).

A señalar que la obra está escrita en primera persona y en tiempo presente; que, en algunos pasajes, me ha recordado alguna de las últimas -y no precisamente mejores- novelas de Forsyth; y que, aunque soluciona el tema principal de la trama -la exoneración de Quincy Miller-, deja abiertas algunas derivadas, especialmente cuál sería la reacción de los traficantes de droga ante la ofensiva de las fuerzas del orden.

A señalar un último detalle, no muy relacionado con el libro en sí. Como el material para doblar entradas se me va agotando -no es que las distintas materias no sigan desarrollándose, sino que cada vez son menos noticias-, he decidido publicar, salvo excepciones, dos entradas al día. Por ello, hoy ésta es la segunda entrada, y mañana será la correspondiente a los libros de Tolkien; el Sábado volveremos a la normalidad.

¡¡¡VIVA ESPAÑA!!!

miércoles, 22 de junio de 2022

El manuscrito

Esta es una novela corta de Grisham (apenas trescientas páginas), y casi continuación directa de El caso Fitzgerald. Coinciden algunos personajes y la localización principal, pero la trama es completamente diferente.

También coinciden en que cualquier parecido entre el título original -Camino winds-, indicador de pertenecer a una serie, y el español es pura coincidencia. Además, tiene gracia que se hable de manuscrito cuando la obra a la que se hace referencia está mecanografiada.

Por lo demás, entretiene, como suele hacerlo Grisham, que de manera evidente pero no ofensiva deja más o menos (aunque, ahora que lo pienso, más bien menos que más) clara su postura en cuanto a la eutanasia.

Y tengo que decir que mis dos candidaturas a culpable del asesinato resultaron estar completamente erradas.

¡¡¡VIVA ESPAÑA!!!

viernes, 17 de septiembre de 2021

Ajuste de cuentas

Esta novela empieza, por así decirlo, in media res. Establece el hecho sobre el que pivota la historia -el asesinato cometido por el protagonista, Pete Banning-, para en el segundo tercio de la novela contarnos su vida anterior, finalizando con la resolución del misterio.

La historia, como es habitual en Grisham, engancha y se lee sin problemas. Sin embargo, tengo dos peros que ponerle. El primero, que no me gusta el final (no el final en sí, sino el final judicial, por así decirlo… y los que me conocen ya sabrán cómo termina la cosa); y el segundo, que en la parte de la Segunda Guerra Mundial algún giliprogre exaltado podría acusarle de japonófobo, porque a los del país del sol naciente les llama de todo menos bonitos.

En cuanto a eso que dicen en la solapa de la época de la segregación racial… pues sí, transcurre en esa época, pero igual podría transcurrir en la actualidad, o casi. Hasta donde me supongo, las cosas en el Sur profundo no deben haber cambiado demasiado, desde entonces.

¡¡¡VIVA ESPAÑA!!!

jueves, 20 de agosto de 2020

El caso Fitzgerald

De un tiempo a esta parte -bastante tiempo, en realidad-, leer una novela de John Grisham equivale, al menos para mí, a pedir el plato del día en un restaurante, en lugar de mirar la carta: quedas satisfecho, no te decepciona, pero tampoco dices joder, qué a gusto me he quedado.
Pues con las novelas de Grisham es lo mismo. El hombre controla el aspecto técnico, sabe como escribir y desarrolla unas tramas que te enganchan y te hacen querer saber cómo acaba la cosa (en general te lo supones, pero de vez en cuando, como es el caso, hay alguna sorpresa que otra); pero no tienes la impresión de haber leído una obra maestra como las que fabricaba al principio (con La tapadera y Tiempo de matar en cabeza de la lista).
Por otra parte, en las dos últimas novelas suyas que he leído -esta y El soborno (con la que comparte una traducción del título que podríamos llamar pintoresca, porque traducir Camino Island por El caso Fitzgerald es, además de tomarse libertades, desvelar la trama antes de empezar siquiera a leer-, los protagonistas principales son mujeres y, aunque la historia tiene que ver, aunque tangencialmente, con el Derecho (si hay delito, el Derecho interviene), no son lo que podríamos llamar propiamente thrillers jurídicos.
Resumiendo. ¿Cumple? Sí. ¿Pasara a la historia? No creo.

¡¡¡VIVA ESPAÑA!!!

sábado, 7 de diciembre de 2019

El soborno/El último testigo

Mientras leía esta novela le comenté a una amiga que, entre los escritores de best sellers que conozco, John Grisham es el que más tiempo lleva sin producir una obra maestra. Me explico: Stephen King escribe tanto (ya no debe acordarse de que cuando sufrió el atropello, dijo que remataría la saga de La torre oscura y dejaría de escribir), que de vez en cuando publica algo que, además de éxito de público, concita las alabanzas de la crítica (22/11/63, por ejemplo); John Le Carré, publique lo que publique, será ensalzado por los críticos, pues ya hace tiempo que pasó a estar más allá del bien y del mal; a Ken Follett, de vez en cuando le alaban; y Frederick Forsyth ya está de retirada, así que no cuenta.
El autor de Arkansas mantiene un buen ritmo de publicación de novelas (una cada año o año y medio, calculo), pero, por lo que recuerdo, hace bastante que no produce ninguna excepcional. Sus obras mantienen un buen nivel medio, pero sin alharacas; las tramas, en cambio, resultan más previsibles, en el sentido de que el final puede adivinarse, y sólo queda por desentrañar lo que ocurrirá en el trayecto.
Por otra parte, suele ser común a sus novelas que Grisham deje bastante clara su ideología política, hablando por boca de sus personajes. Pero de nuevo lo hace sin estridencias, sin molestar, y eso se agradece.
Para terminar, un detalle curioso. Me compré este libro hará como año y medio (o y tres cuartos). Cuando se aproximó mi cumpleaños del año pasado uno de mis hermanos, como suele hacer habitualmente, me pidió lista de posibles regalos, y dentro de la que le di estaba este libro. Me lo regalaron, aunque en edición de bolsillo. Y hoy, al terminar el volumen normal, le eché un ojo a la edición de bolsillo, y me encontré con que al final traía una suerte de precuela, en la que se narraba el juicio de Junior Mace.
Y mira que traducir The whistler como El soborno… Además de ser argumentalmente incorrecto, era facilísimo haberlo hecho como El chivato.
¡¡¡VIVA ESPAÑA!!!

jueves, 10 de octubre de 2019

Theodore Boone: El escándalo

El sexto libro de la serie de Theodore Boone sigue la pauta de los anteriores. Es decir, Grisham presenta una situación –en este caso, el sistema educativo- y, a través del personaje del joven Boone, nos deja bastante claros sus puntos de vista. Todo ello relatado en capítulos cortos que hacen que el libro se lea en un suspiro (a mí me llevó apenas un día, y eso que era laborable), salpimentado con algún caso en el tribunal de animales y uno o dos problemas planteados por los compañeros de colegio del protagonista.
En resumen, nada que añadir a críticas anteriores: no sorprende, pero no defrauda.

¡¡¡VIVA ESPAÑA!!!

sábado, 29 de septiembre de 2018

Un abogado rebelde

Como la mayor parte de las novelas de Grisham, ésta transcurre en el ámbito jurídico. Sin embargo, presenta una sutil (por ponerme cursi… quizá no es tan sutil) diferencia con el resto. En ésta, la trama no gira alrededor de un caso que se desarrolla a lo largo de toda la novela –una compañía corrupta en La tapadera, una información comprometedora en El informe pelícano, una herencia en La herencia, y así sucesivamente-, sino de la vida, por así decirlo, de Sebastian Rudd, el abogado protagonista y los distintos casos en los que se va viendo inmerso.
Como en la mayoría de sus obras –y cada vez más conforme pasan los años-, Grisham, apostaría, deja traslucir su ideología (inequívocamente progre, pero sin estridencias) a través de sus personajes, dejando caer aquí y allá pequeños panfletos que, ya digo, no llegan a incordiar.
O a lo mejor es que yo estoy muy paranoico.
¡¡¡VIVA ESPAÑA!!!

miércoles, 6 de diciembre de 2017

Theodore Boone: El fugitivo

El quinto libro en la serie de John Grisham destinada al público juvenil sigue la misma tónica que volúmenes anteriores: brevedad, espíritu didáctico (algo que cabe esperar en un país en el que hay escolares que creen que el primer presidente de su nación fue Abraham Lincoln, y no George Washington), moralina progresista y datos de la mecánica procesal estadounidense.
Por lo demás, es una especie de continuará de volúmenes anteriores, con un final más abierto que de costumbre (la última escena presenta a los secuaces del villano anunciando que pretenden vengarse del protagonista).
Por ponerle un pero, Grisham maneja fatal el tema del romance (pre) adolescente. Vale que Teddy (perdón, Theo) es un empollón cerebrín que sabe poco o nada de las chicas, pero es (o a mí me resulta) más que evidente que está coladito por su compañera April, y que los sentimientos son recíprocos. Así pues, ¿a qué tanto marear la perdiz? Por otra parte, el que incluso en sede judicial se refieran al villano con el diminutivo de Pete, en lugar de con el completo Peter, me chirría un poco.
¡¡¡VIVA ESPAÑA!!!

martes, 12 de julio de 2016

El secreto de Gray Mountain

Esta novela de John Grisham, al igual que la mayoría de las del autor, se lee casi en un suspiro. Después de tres décadas escribiendo, el autor estadounidense ya tiene dominada la técnica de fabricar un éxito de ventas.
La trama me recuerda, en cierto modo, a Legítima defensa o Causa justa, en el sentido de que el (la) protagonista es un (una) jurista con pocos medios que se enfrenta a una poderosa corporación con pocos escrúpulos. Sin embargo, presenta algunas novedades (qué menos), como el hecho de que alguno de los personajes principales muere en el transcurso de la historia, o que el lío romántico no es el que inicialmente parece apuntarse (aunque casi). Asimismo, el autor vierte sus opiniones sobre la crisis financiera de la década pasada y, sobre todo, acerca de la minería a cielo abierto en las explotaciones carboníferas de los Apalaches.
En cuanto al título en español… lo que hay en Gray Mountain será un secreto para bastantes de los personajes de la novela, pero en ningún momento para el lector.
¡¡¡VIVA ESPAÑA!!!

martes, 9 de junio de 2015

La herencia

Hacía tiempo que no leía una novela de Grisham (las de Theodore Boone no cuentan), y me ha gustado volver a hacerlo. El abogado sureño quizá no pase a la historia de la Literatura como uno de los grandes renovadores de la novela norteamericana de finales del siglo XX y principios del XXI, pero sus historias entretienen, y no se hacen para nada largas aunque superen (como en este caso) holgadamente el medio millar de páginas.
Sycamore Row (tal es el título original, mucho menos revelador –pero mucho más trascendente, como se descubre en las últimas páginas- que el de la edición española) es una continuación (en cierto modo) de Tiempo de matar, la primera novela de Grisham. Y resulta imposible no imaginarse a los personajes que aparecían en aquélla con los rostros de Matthew McConaughey o Donald Sutherland (el personaje de Kevin Spacey tiene una breve aunque llamativa intervención).
Grisham logra atrapar al lector con dos interrogantes: qué razones tuvo el personaje de Seth Hubbard para testar como lo hizo, y cómo conseguirá Jack Brigance ganar el caso. Y la duda permanece, como he dicho, hasta las últimas páginas.
En el debe de la edición que he manejado, hay algunas erratas (no sé si atribuibles a la traducción), como el de decir hija cuando debería decir nieta.
¡¡¡VIVA ESPAÑA!!!

domingo, 17 de mayo de 2015

Theodore Boone: el activista

Otro volumen de la serie juvenil de John Grisham que he despachado en apenas un par de días. No se diferencia demasiado de los demás de la serie –esto es, escritura ligera, algo de pedagogía jurídica estadounidense, su pizquita de ideología relativamente progre (aunque aparece la caza y no se la critica, lo que supondría una aprobación implícita)- salvo en el tema concreto del volumen. En este caso, la defensa del medio ambiente frente al contubernio de industriales y políticos sin (demasiados) escrúpulos.
Por ponerle algún pero, la novela tarda demasiado (más de cien páginas) en entrar en harina, contentándose mientras tanto en dar vueltas y rodeos. Por otra parte, Theo sigue enfrentándose a dilemas éticos que va sorteando mal que bien, aunque bordeando peligrosamente los límites de la ética profesional.
Como diría Obi-wan Kenobi, todo depende del punto de vista…
¡¡¡VIVA ESPAÑA!!!

jueves, 14 de mayo de 2015

Theodore Boone: el acusado

En el tercer volumen de la serie que Grisham escribe orientada al público juvenil, la trama da un curioso giro cuando el culpable resulta ser, aparentemente, el propio Theodore. En una especie de juego detectivesco, el joven abogado deberá descubrir quién está detrás de todas las desgracias que en una semana negra se abaten sobre él, y también cuáles son las motivaciones de dicha persona.
Grisham escribe un libro breve, de apenas doscientas cincuenta páginas, que se lee casi de un tirón y que, junto a nada disimuladas dosis de pedagogía legal (estadounidense, por supuesto), aprovecha para plantear algún que otro problema ético de cierta entidad.
Recomendable como pasatiempo, porque entretiene.

¡¡¡VIVA ESPAÑA!!!

lunes, 16 de diciembre de 2013

El estafador

Esta novela de John Grisham presenta varias características nuevas en su obra. Para empezar, el protagonista (el héroe, podríamos decir, si dicho héroe no fuera alguien condenado a prisión, aunque sea por un delito que no ha cometido… o eso dice él, puesto que la obra está narrada en primera persona) es un negro. Además, como ya he dicho, se trata de alguien condenado por un delito; aunque en libertad trabajara como abogado, la trama de la novela no se desarrolla en el ámbito judicial, y los letrados aparecen como personajes bastante secundarios. Finalmente, la novela hace honor a su título en español y hasta el final el protagonista no descubre todas sus cartas.
A todo lo anterior hay que sumarle la (relativa) brevedad de la novela, que hace que se lea con rapidez. Muy alejada de todo el entramado judicial habitual en las novelas de Grisham, resulta muy entretenida.

¡¡¡VIVA ESPAÑA!!!

domingo, 25 de noviembre de 2012

Los litigantes


En sus primeras novelas, Grisham tendía a presentar situaciones de David contra Goliat en las que el bueno, por así llamarle, acababa venciendo. Posteriormente, este planteamiento evolucionó para adoptar un enfoque más, llamémoslo así, realista, en los que los poderosos, por retorcidos que fueran sus medios y sus fines, acababan triunfando.
Esta última novela suya (al menos, la última publicada en España; de acuerdo con Wikipedia tiene tres más ya publicadas en EE.UU.) se mueve en un estadio intermedio. Por otra parte, mantiene lo bastante bien el suspense como para que, a menos de cien páginas del final, uno no tenga claro cómo acabará la cosa para ninguno de los personajes principales.
Por otra parte, tiene algo apreciable: pinceladas de humor, especialmente bienvenidas cuando se tratan temas tan serios como los que suele plantear Grisham.
¡¡¡VIVA ESPAÑA!!!