Lo malo de votar con las gónadas, y no con la cabeza, es que te acabas arrepintiendo más pronto que tarde.
Es lo que ya ha empezado a suceder en Nueva
York. En los últimos comicios municipales, los ciudadanos de la Gran Manzana
eligieron al candidato demócrata, un populista demagogo (perdón por la rebuznancia)
y musulmán que hizo un montón de promesas fáciles de proclamar y casi
imposibles de llevar a la práctica.
Semanas antes de la ola de frío, el alcalde ordenó a policías y trabajadores de saneamiento que no desmontaran los asentamientos de vagabundos. ¿El resultado? Diez de ellos habían muerto, a finales del mes pasado, por las bajas temperaturas.

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