Esta reflexión comenzó hace años, de manera no articulara, por sólo tres ces. Hace referencia a lo que es necesario para aprobar una oposición. Los tres primeros elementos, los más antiguos, son inexcusables; los otros dos son optativos, pero no perjudican.
En primer lugar hace falta cabeza, es decir,
un mínimo de inteligencia. Un zote, por mucho que se esfuerce, es dudoso que
pueda conseguirlo (salvo que concurra el último elemento en grado superlativo).
Ojo, que no estoy diciendo que haya que ser brillante, ni tampoco súper
organizado, pero un mínimo de ambas cosas sí que hace falta.
En segundo lugar hacen falta codos. Con esto
me refiero a la constancia, a la aplicación, a dedicarle tiempo y esfuerzo si
de verdad se desea aprobar. No lo garantiza, pero la ausencia sí que garantiza el
fracaso.
En tercer lugar hace falta culo. No me
refiero a los músculos glúteos, sino al aguante, porque ser inteligente y
dedicarle esfuerzo no garantiza nada. En la mayoría de los casos -conozco excepciones-
hace falta algún tiempo.
El cuarto elemento es la suerte, lo que yo
llamo un punto de chance para mantener la serie de ces. Incluso
dedicándole tiempo y esfuerzo, y siendo inteligente, cabe que te pregunten
exactamente lo que peor te sabes, o que los demás lo hagan mejor que tú. Porque
para aprobar una oposición no basta con hacerlo bien: tiene que hacerlo mejor
que el primero de los que se quedan fuera.
Finalmente, están los conocidos. Tener amigos en los puestos adecuados ayuda un montón. Incluso, llegado el caso, puede llegar a compensar la carencia absoluta de los otros cuatro factores.
Que se lo
digan si no al teledirector de orquesta.

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