Como he dicho muchas veces, no hay novedades reseñables en el comportamiento del desgobierno socialcomunista que tenemos la desgracia de padecer y sus satélites orbitales.
Quiero con esto decir que los de la mano y el
capullo han tenido siempre el mismo comportamiento delinquidor, en eso siguen como
al principio, cuando en su estreno parlamentario el fundador del partido
anunció que se saltarían el ordenamiento jurídico si no vieran otra manera de
alcanzar sus fines (en definitiva, uno solo: detentar el poder tanto tiempo
como les sea posible).
Lo que sí que ha variado es la desfachatez,
el descaro, la desvergüenza, la insolencia con la que hacen lo que siempre han
hecho, de mentir a robar -matar, de momento, no matan-, de colocar amigachos en
los puestos claves al uso sectario de lo que es de todos.
Y pocos ejemplos más diáfanos que el bribón
que han colocado al frente del Centro de Investigaciones Sociológicas, un profesional
que, de estar en una empresa privada, habría sido despedido fulminantemente
tras gastar millonadas en sondeos que no aciertan ni por aproximación.
Así, en su comparecencia parlamentaria de
hace un par de semanas, recriminó a los senadores populares su tono inquisitorio
(es de suponer que alguien tan leído y escribido como el susodicho
querría decir inquisitorial, porque todos los interrogatorios son, por
su propia naturaleza, inquisitorios) y proclamó pertenecer a un partido y, por
tanto, no ser independiente.
Si sus sondeos son acertados, ¿qué hace el psicópata que no convoca elecciones ya?

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