El ser humano es débil, falible, y tiende a lo cómodo. Por ello, las subvenciones a fondo perdido, salvo que el destinatario se vea adornado de unas cualidades poco comunes -en el sentido más literal de la expresión.
Es decir, las subvenciones se deben dar cuando
se consigan unos resultados, y no para intentar que se consigan esos
resultados. Si la obtención de los fondos no depende del resultado, el
incentivo para alcanzarlo desaparece o, cuando menos, se minimiza grandemente
(sí, ya lo sé, he metido menos, minimizar y grandemente en
la misma frase).
Esto es lo que ocurre con las llamadas
fuentes de energía alternativas o verdes, que son el futuro… y
siempre lo serán. El Tribunal de Cuentas de la Unión Europea ha revelado que
los proyectos LIFE (destinados a financiar proyectos de economía circular,
biodiversidad, clima y energía limpia) no abordan necesidades urgentes ni
tienen un seguimiento que pruebe su valor. Es decir, que no saben si estos fondos sirven, literalmente, para algo. Ya se lo digo yo.
No.

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