jueves, 25 de diciembre de 2025

La del cementerio

A los que niegan la barbarie nacionalsocialista o el holocausto judío se les llama (con razón) negacionistas y se les anatemiza. A quienes, en cambio, señalamos las decenas (por no decir centenares) de millones de muertos que el comunismo ha causado -y sigue causando- nos llaman fascistas.

A quienes señalan las barbaridades cometidas en la guerra civil y la posguerra por el bando primero sublevado y luego triunfador se les considera historiadores serios y democráticos. A quienes, en cambio, señalamos que la segunda república española no fue ni mucho menos el oasis democrático que sus apologetas pintan, o recordamos las matanzas indiscriminadas de civiles y religiosos por el mero hecho de creer en Dios, se nos llama fascistas.

A quienes decimos que la banda terrorista de la capucha y la boina, la serpiente y el hacha, no perdió su combate contra el Estado ni mucho menos se disolvió o desapareció nos llaman fascistas e intolerantes. Y nos lo llaman quienes, después de lamer (metafóricamente) el tafanario al psicópata de la Moncloa, dicen que la izquierda nacionalista vasca era pacifista.

Con dos ovarios, oiga.

¡¡¡VIVA ESPAÑA!!!

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