Cuando a un agresor no se le hace frente, el agresor avanza, y sigue haciéndolo hasta que se le hace frente. El enfrentarle no asegura que vaya a recular, ni siquiera que se detenga, pero al menos se verá obligado a aminorar el paso y pensarse las cosas dos veces.
Pasó con el Imperio Romano en Hispania y
Britania, pasó con Napoleón en Rusia y España, pasó con Hitler en la Unión
Soviética y en el Canal de la Mancha. La Historia está llena de lecciones, para
el que quiera estudiarlas.
Pero en el desgobierno socialcomunista que tenemos la desgracia de padecer no abundan ni las neuronas ni los redaños. Y, cuando en una entrevista, el ministro marroquí de Comercio dice cosas como que Ceuta y Melilla no están en nuestras discusiones ahora. ¿Abro el tema de Gibraltar? el reportero, en lugar de decirle que no hay ni punto de comparación entre una cosa y otra, se calla, y tiene que ser el representante del Frente Polisario de que, tras la cadena de cesiones del psicópata al moro gurrumino, la próxima amenaza será reclamar las aguas que rodean Canarias.
Al enemigo, ni agua. Ni siquiera si es salada.

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