El partido de la mano y el capullo nunca ha sido especialmente demócrata ni democrático. Es decir, su funcionamiento interno siempre ha sido autocrático y piramidal -algo en lo que no se diferencia en absoluto de la práctica totalidad del resto de formaciones políticas-, y su propósito para la sociedad es el de detentar en solitario el poder tanto tiempo como lo consiga y con el menor número de contrapesos posibles.
Y para ello se han aliado con, literalmente,
quien hiciera falta: dictadores, terroristas, asesinos de masas, tiranos
extranjeros, o una combinación de varios o todos de los anteriores. Y siguen
haciéndolo, hasta el punto que ahora son terroristas convictos y separatistas fugados
los que se conjuran para sostener al psicópata y atribuyen todos sus escándalos
a una especie de conjura judicial.
Verdaderamente, si algo saben estos es de tribunales.

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