Como muy bien sabía el rey de Epiro, hay victorias que son más amargas e indudablemente más improductivas que las derrotas.
Esto es lo que sucedió en las elecciones generales celebradas en España en Julio de 2.023. Las ganó, con una pequeña diferencia en votos y más apreciable en escaños (en el Congreso, que es la
cámara que cuenta) el Partido Popular, y eso es un hecho. Pero, como dijo
Virgilio, la fortuna favorece a los audaces -o, habría que decir, a los ayunos
de escrúpulos-, y fue el psicópata de la Moncloa el que, ahormando alrededor
del partido de la mano y el capullo una amalgama de formaciones que sólo tenían
en común que no querían que gobernara el Partido Popular, se hizo finalmente
con la segunda magistratura del país.
Precisamente porque ya conocemos al
personaje, en los próximos comicios no cabe decir que no se desea que siga Sánchez
en la Moncloa pero, como no le gusta la actitud del Partido Popular (o de Vox),
se va a votar en blanco. Y es que votar en blanco es votar a favor de Sanchez, porque el que no está contra él está a su favor.
Y es que, frente a los liberticidas, la moderación no siempre es buena, y que se lo digan si no a Neville Chamberlain.

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