Si por empatía entendemos la capacidad de ponerse en la piel del otro, y por psicopatía la incapacidad de hacer eso mismo, habrá que concluir que el psicópata de la Moncloa ha contagiado su tara mental a todo el ámbito progresista español.
Porque, como suelo decir, hay cosas que no se
deben pensar; si se piensan, más vale no decirlas; y si las dices, más vale que
no te oigan. Pero claro, si empleas uno de los medios de uno de los
conglomerados multimedia más importantes de España, es casi seguro que todo el
mundo se va a enterar de que lo malo que les pase a los demás te importa un
pito.
Es lo que ha pasado con la cadena responsable
del antenicidio, que ha tenido la desvergüenza de llamar vacaciones
hogareñas a la de aquellos españoles que no pueden viajar. Lógicamente, les
ha caído la del pulpo.
Y todo eso en un país que, según los corifeos del desgobierno socialcomunista que tenemos la desgracia de padecer, va como una moto.

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