domingo, 25 de febrero de 2024

No le echaremos de menos

Hay una serie de entrenadores de fútbol que están sobrevalorados. En un deporte donde los resultados lo son todo -alguno me dirá que en el deporte de alta competición eso pasa siempre; vale, lo admito-, se fijan sólo en los resultados, y no en lo que esos entrenadores puedan aportar.

Cuatro nombres -españoles; no conozco lo suficiente el fútbol de otros países como para poder opinar- vienen enseguida a mi cabeza: Del Bosque, Guardiola, Luis Enrique, y Javier Hernández. Y, en realidad, todos ellos le deben sus éxitos a uno que los que no tienen de idea de nada nunca mencionan: Luis Aragonés.

Porque, repasemos: Del Bosque siempre fue considerado como un gestor de vestuarios en el Real Madrid, y al llegar a la selección no tocó nada de lo hecho por Aragonés. Eso le valió para ganar el Mundial de 2.010 y la Eurocopa de 2.012… y para cagarla bien cagada en el Mundial de 2.014, al que fue a jugar con los mismos jugadores de las dos competiciones anteriores y con el mismo sistema.

Guardiola tuvo a su favor la mejor generación de futbolistas que ha tenido en Barcelona y el jugador más desequilibrante de las dos últimas décadas. Pero inventar no ha inventado nada -su fútbol nace, a partes iguales de Cruyff y de Aragonés-, y como captador de jugadores es una nulidad: no funcionó ni uno solo de los que hizo mientras estaba en el Barcelona, en Múnich fue incapaz de repetir los resultados de su predecesor (Heynckes) y en Manchester sólo ha conseguido la Copa de Europa tras gastarse una millonada en fichajes y conseguir a otro jugador desequilibrante, Haaland.

Luis Enrique es la viva prueba de que Guardiola es un bluff, puesto que consiguió resultados muy parecidos. Y, una de dos: o los dos son genios, o los dos son normalitos. Teniendo en cuenta que ni en la selección española ni en el Paris Saint-Germain ha conseguido gran cosa, apostaría por lo segundo.

El último de ellos es el charnego por antonomasia, Javier Hernández. Probablemente, nadie salvo él mismo le considere un gran entrenador. No sólo no ha inventado nada, es que es incapaz de pensar… salvo en excusas pueriles para justificar su fracaso continuo: del estado del césped a la hora del partido, la responsabilidad nunca es suya. El remate fue cuando dijo que eran un equipo en construcción. Debe ser que como la catedral de Barcelona lleva casi un siglo y medio de obras y aún no la han terminado, pensaría que se lo iban a creer.

Lamentablemente, el mejor entrenador posible del Barcelona -para los demás equipos en general, y para el eterno rival en particular- anunció hace un mes que se marcharía a final de temporada.

¡¡¡VIVA ESPAÑA!!!

No hay comentarios: