En los viejos tiempos, los revolucionarios defensores de la plebe eran gente comprometida, coherente y, a menudo, tan humilde como aquellos que defendían.
Sin embargo, a no mucho tardar aparecieron
sujetos a la par acomodados y cobardes que vieron, en esas revoluciones
populares, un medio para medrar políticamente y pillar poder. Pregonaban luchar
por los más miserables, compadecerse de sus infortunios y compartir sus
anhelos, pero al mismo tiempo permanecían apegados a sus comodidades de origen.
Es lo que vino a conocerse como revolucionarios de salón.
Ejemplos de eso tenemos a cascoporro, en la
Historia ahora, en el extranjero y en España. De los neocom a los cocuquistas,
pasando por esa dirigente de los Clicks Unidos de Playmobil que es
defensora de los ocupas… y apoderada de la mercantil inmobiliaria de sus padres.
Todo muy coherente, sí señora.

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