En el partido de la mano y el capullo, actualmente todo gira en torno al líder único, el psicópata de la Moncloa.
Da lo mismo que tuvieras una carrera anterior
a su llegada a la cúpula del partido, o un (presunto) prestigio: te bajarás los
pantalones para darle satisfacción a Su Sanchidad (no seáis malpensados, lo
digo sólo en sentido metafórico).
Tomemos el caso de la indocta egabrense. Esa que,
siendo ministra de (in) Cultura, confundió una locución latina con dos mardito
roedore. Esa que, sin que se le moviera un músculo de la cara, afirmó que por
las mañanas, hablaba en bragas por teléfono con los alcaldes. Esa que,
siendo doctora en Derecho Constitucional (cómo ha decaído el nivel de los
doctorados), afirmó en sede parlamentaria que algún día la Constitución
Española establecerá la igualdad entre hombres y mujeres, porque actualmente
no lo hace. Esa que defiende la sanidad pública, pero que cuando se pone
enferma se va a un centro privado.
Esa que, en fin, ocupando la presidencia del Consejo de Estado, retorció el reglamento del mismo para forzar el aval al blindaje constitucional del aborto pretendido por el desgobierno socialcomunista que tenemos la desgracia de padecer.

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