En las series y películas policíacas, cuando el sospechoso llega al cuarto de interrogatorios, se suele producir entre los miembros de las fuerzas del orden una división de papeles.
En efecto: mientras uno de los policías parece
comprensivo con el preso, y le aconseja diciendo pensar en su bien, el otro
adopta una actitud más dura, más intransigente, más amenazante. Sin embargo,
todo es puro artificio, mero fingimiento, puesto que los dos persiguen la misma
cosa: que el interrogado cante como un canario.
Esto mismo es lo que ocurre con los miembros
de la coalición Frankenstein, que sostiene al desgobierno socialcomunista
que tenemos la desgracia de padecer: unos se fingen escandalizados y se
descuelgan del sanchismo, mientras que otros, menos hipócritas, abogan por seguir
ordeñando al gobierno (al menos son sinceros).
Puro paripé: todos ellos mantendrán en el poder todo el tiempo que les sea posible al psicópata de la Moncloa. Mientras éste siga detentándolo, podrán seguir sacando réditos.

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