Sobre el Guernica, la gran (por sus dimensiones físicas, no por otra cosa) pintura de Pablo Picasso corren muchos mitos. Y, como mitos que son, generalmente falsos.
El primero es que se elaboró como reacción al
bombardeo de la Legión Cóndor alemana sobre la población vasca. Pero hay
fuentes que dicen que es en realidad un homenaje de Picasso a su amigo el
torero Ignacio Sánchez Mejías. Otras fuentes dicen que el cuadro fue encargado
por el gobierno de la república española en 1935; de hecho, es lo que me ha
dicho Gemini (la inteligencia artificial de Google) cuando le he preguntado, y al
señalarle la contradicción en las fechas (¿cómo se va a pintar algo dos años antes
de que ocurra?) ha intentado salir del paso con un huy, perdón, tienes razón,
me he equivocado. Lo que es casi seguro es que el malagueño, aprovechado
como pocos, recicló el lienzo y alcanzó la inmortalidad.
El segundo mito surgió hace poco, y tiene más
que ver con el bombardeo que con el cuadro. Se entrevistó a personas que,
teóricamente, habían sufrido el bombardeo. Teniendo en cuenta que no se tienen
recuerdos, dicen de antes de cumplir los tres años (mentira, yo tengo recuerdos
con dos años y medio; sólo dos recuerdos, pero los tengo), esas personas
tendrían que rondar ahora el siglo, cosa que creo no rondaban ni de cerca. Y decían
que recordaban perfectamente ver los ojos de los pilotos de los bombarderos
alemanes. Teniendo en cuenta que los pilotos llevarían gafas, que habría una
distancia entre ellos y el suelo y que, cuando te están bombardeando, en lo
último que piensas es en mirar a los ojos (o al culo) del piloto, suena a otra
trola de la izquierda.
Y otro mito es el número de muertos. Muchos menos
de los que dicen las cifras esgrimidas por la izquierda y sus corifeos, que
tienen a olvidar bombardeos como el de Cabra, por no hablar de las checas en
Madrid, las sacas de civiles, y tantos y tantos crímenes de lesa humanidad
perpetradas por los rojos.
Sirva este desahogo para hablar de la
polémica que se ha montado con la petición del partido de los seguidores del
orate con boina, que ha pedido el traslado del mamotreto blanquinegro a
Vascongadas con motivo del nonagésimo aniversario del evento. Díaz Ayuso ha
tildado la petición de catetada (corta me parece que se queda), los de
la boina se han mosqueado, y uno de los de la capucha que ahora va de estadista
la ha vinculado con los nazis del cuerpo militar alemán.
Un vínculo, de existir, mucho más remoto que el de Arnaldo con los criminales de la hoz y el martillo, o el hacha y la serpiente.

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