domingo, 24 de marzo de 2013

Aldeanismo paleto y sentido común


Quizá alguna vez, hace mucho tiempo, el Fútbol Club Barcelona fue una entidad con vocación, llamémosle así, integradora y no excluyente. No lo sé, no soy tan viejo. Lo que sí es cierto es que desde hace cosa de un cuarto de siglo, en justa correlación con el necionanismo catalán, lo que se proclamaba como más que un club ha pasado a ser poco menos que la sección de los coros y danzas de aquellos que odian a España en esa región pequeñita de una esquina de España, que diría Guardiola.
Quizá se deba, en parte, en una sucesión de presidentes que, uno detrás de otro, van haciendo buenos a sus predecesores en la poltrona. Gaspart hizo bueno a Núñez, y se convirtió en el mejor presidente del Barcelona hasta la fecha… para el Real Madrid. Tras él vino Laporta, que convirtió al exaltado Gaspart en casi un moderado. Al aspirante a mesías catalán le sucedió Rosell, que si no ha superado todavía al stripper aeroportuario en hundir ideológicamente a la entidad, camino va de ello.
La última boutade ha sido decir que la mejor manera de demostrar que se siente el Barça es hablar en catalán. Semejante necedad no necesita ser rebatida por nada más que la realidad; sin embargo, el presidente del otro gran club de Barcelona –un club que tiene como colores los (presuntos) de un almirante, aunque nacido en Italia, al servicio de la Corona de Aragón, y no los de un suizo al que han tenido que catalanizar el nombre de pila- ha señalado muy acertadamente que ni todos los culés hablan catalán ni todos los catalanes son del Barcelona.
¡¡¡VIVA ESPAÑA!!!

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