miércoles, 13 de marzo de 2013

Fanáticos miopes


Recientemente, Jorge Fernández Díaz, ministro del Interior de España, se expresó en los siguientes términos:
Si nos oponemos al matrimonio entre personas del mismo sexo, no podemos usar argumentos confesionales. Existen argumentos racionales que dicen que ese matrimonio no debe tener la misma protección por parte de los poderes públicos que el matrimonio natural. La pervivencia de la especie, por ejemplo, no estaría garantizada.
Inmediatamente, los colectivos homosexuales y progresistas se pusieron de uñas, atacando al ministro por cosas que no había dicho (y obviando lo que más podría ofenderles, desde mi punto de vista, como luego se verá).
En primer lugar acusaron al ministro de intentar imponer el fanatismo religioso. Dejando aparte que los retroprogres en general y los grupos de presión homosexuales en particular lo que pretenden es imponer su fanatismo antireligioso, el ministro lo que pretendía era, precisamente, apartarse de la cuestión religiosa. Por eso dice que no podemos usar argumentos confesionales. Claro, que si los vociferantes son fruto de la política educativa progre, no es extraño que no sepan lo que quiere decir confesional.
En segundo lugar, consideran que las palabras del ministro demuestran un desprecio absoluto a las evidencias científicas y a miles de familias homosexuales con hijos. En cuanto a las evidencias científicas, la única es que en los seres humanos no cabe, que se sepa, ni la partenogénesis ni el embarazo masculino, por lo que para que una pareja homosexual tenga hijos sólo caben tres posibilidades: donante de esperma para una pareja de lesbianas, vientre de alquiler para una de homosexuales varones o adopción para cualquiera de las dos. Es decir, que para que una pareja homosexual contribuya a garantizar la pervivencia de la especie hace falta algo externo a esa pareja, cosa que no ocurre, en principio, en el caso de las parejas heterosexuales.
Y llegamos a lo que ningún crítico parece haber percibido: que Fernández Díaz llamó natural al matrimonio heterosexual. Lo cual implicaría que las uniones homosexuales no lo son. Es decir, que el ataque frontal a lo que sostienen los defensores del sedicente matrimonio homosexual (que éste es tan natural como el heterosexual) ha sido obviado. Si chillaran un poco menos y pensaran un poco más…
¡¡¡VIVA ESPAÑA!!!

No hay comentarios: