Que la bajada de pantalones ante el fugado de Waterloo era algo flagrantemente inconstitucional era algo que podía ver hasta el más lego en Derecho, por más que el mamporrero del psicópata de la Moncloa en el edificio troncocónico de Doménico Scarlatti jurara y perjurara (más lo segundo que lo primero) que tenía cabida dentro de nuestro ordenamiento Constitucional.
Pero en Estrasburgo, donde el desgobierno
socialcomunista que tenemos la desgracia de padecer tiene menos mano, por no decir
ninguna, las cosas son distintas. Y el Parlamento Europeo ha aprobado un informe en el que condena expresamente el abuso de amnistías e indultos en
beneficio de responsables políticos.
Este informe ha salido adelante con el voto
en contra del partido de la mano y el capullo, que ha intentado tumbarla por
todos los medios. El texto, introducido por lo que en Ferraz calificarían de
extrema derecha y apoyado por lo que consideran derecha extrema, recoge que estas
prácticas socavan el principio de igualdad ante la ley y erosionan la confianza
de los ciudadanos en el Estado de Derecho, advirtiendo además de que este
tipo de decisiones promueven un progresivo debilitamiento de los mecanismos
encargados de perseguir la corrupción.
Para remate, el informe condena también la
interferencia de los gobiernos en los medios públicos en algunos Estados
miembros y pide a los mismos un proceso transparente y abierto en la elección
de sus órganos de gobierno.
Que puede que la cosa no sirva para mucho, pero la satisfacción no nos la quita nadie.

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