Cuando José Luis Rodríguez Zapatero, alias zETAp, llegó al poder a lomos de casi doscientos muertos, comenzó una era negra para España que todavía dura.
A lo largo de su mandato se me planteó,
repetidas veces, si el bobo solemne era más tonto que malo o, al
contrario, más perverso que estulto. De todos modos, en cierta ocasión en la
que me pidieron que participara en una controversia sobre el tema sinteticé mi
opinión -sin pensarla en absoluto: mis mejores frases surgen de la falta total
de reflexión (lo cual no quiere decir que siempre que hable sin pensar me salga
una frase redonda)- señalando que lo es es un hijo de la grandísima puta.
El socialista que había presente se escandalizó diciendo que no iba a permitir
que se insultara en su presencia al presidente del Gobierno, a lo que repliqué
(de nuevo sobre la marcha, estaba sembrado) que no le estaba insultando, sino
limitándome a ser descriptivo (más tarde me preguntaría si hubiera demostrado
tanto respeto por la segunda autoridad del Estado de estar refiriéndome a José
María Aznar; no lo creo).
En cualquier caso, durante los siete años que
gobernó me pregunté si en el amigo de los terroristas predominaban la idiocia o
la perfidia. Como ya he señalado varias veces, nunca llegué a una opinión
concluyente, puesto que cada vez que pensaba haberlo logrado hacía algo que me
obligaba a replantearme mi postura.
Luego abandonó el poder, se dedicó a contar
nubes y le perdí de vista. Aparentemente no se dedicaba sólo a mirar al cielo:
oficiaba también como intermediario y mamporrero de las peores dictaduras
(comunistas, claro) del planeta, de Caracas a Pekín pasando por La Habana.
Cuando todo se ha sabido -o ha empezado a
saberse-, el padre de las trolls publicó un video en el que pedía confianza,
pero no explicaba nada sobre las joyas -valoradas por lo bajo en más de un millón
de euros- que habían aparecido en su caja fuerte, como tampoco lo hizo en sede judicial, pidiendo entre una semana y diez días para explicarse.
Vamos a ver: si es inocente, sobra ese plazo para aclarar las cosas; si es culpable, no le va a bastar ni uno que fuera diez veces más largo. Que el juez rechazara imponer medidas cautelares es lo de menos… y si sirve para que la hija del proxeneta se sienta ofendida, mejor que mejor.

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