Los actuales cuadros del partido de la mano y el capullo son tan ignaros que no se dan cuenta de que meten la pata cada vez que abren la boca.
Tomemos el caso de la hermana del
Pitecantropus pucelensis. La fealdad se la llevó toda el ministro -su hermana
tampoco es como para tirar cohetes, pero al lado del ministro tuitero cualquier
mujer parece Miss Universo-, pero de inteligencia andan los dos bastante
ayunos.
El ministro tiene, al menos, mala leche. La hermana,
ni eso: ve una especie de conspiración en torno a la llamada ley de
nietos, y lo remata con un soy la hermana de quien soy.
Y por eso prevarica como prevarica.

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