sábado, 3 de diciembre de 2016

Roma locatis

Su Santidad el Papa –sea quien sea el ser humano que ocupe la Cátedra de San Pedro- sólo posee el don de la infalibilidad cuando habla ex cáthedra sobre dogmas de fe. En toda otra materia no tiene más auxilio del Altísimo que los demás seres humanos, y por lo tanto puede decir tonterías de semejante calibre que cualquier otro, o incluso mayores.
Tomemos por caso el argentino que lleva actualmente el anillo del Pescador. No tratándose de dogma, sus palabras pueden ser (o parecernos) sensatas y atinadas, como cuando habló de los homosexuales o los divorciados en relación con la Iglesia Católica. O bien puede decir una sandez tan alta como el Aconcagua y tan ancha como el Río de la Plata, caso de su afirmación de que las empresas no deben existir para ganar dinero.
Disculpe, Santidad, pero eso a lo que se refiere ya existe, y se llaman oenegés. Y algunas parece que a lo que se dedican también es a ganar dinero (para ellas, se entiende), como si de empresas se tratase.
¡¡¡VIVA ESPAÑA!!!

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