jueves, 11 de noviembre de 2021

Cuando el diablo se aburre…

A pesar de lo que algunos ignaros (ignaras, más bien) de izquierdas proclaman, el ordenamiento jurídico español reconoce -ya desde antes de la Constitución de 1.978, pero vamos a ceñirnos al ordenamiento actual- la igualdad entre hombres y mujeres. Que la realidad no se ajuste siempre al ordenamiento es otro tema, pero es que si siempre lo hiciera no haría falta una Ley de Enjuiciamiento Criminal porque el Código Penal eliminaría los delitos.

Por ello, la creación y mantenimiento de un ministerio dedicado a la materia (un ninisterio de Igualdá) por parte de los gobiernos de izquierdas (hablo de España, claro está) solo puede considerarse como una medida de cara a la galería. Porque si de verdad estuvieran preocupados por el tema, habrían colocado al frente del departamento a alguien preparado, y no a una persona que está ahí -y si no es por eso, lo parece-, no por sus teóricos méritos, sino por ser la pareja (en aquel entonces, no sabemos si todavía) del líder de su partido. Toma igualdad.

Y claro, cuando colocas a una inútil comprobada a pastar del erario, se siente en la obligación de demostrar que está para algo más que para cobrar a final de mes. Y tan pronto se descuelga con un lenguaje excluyente con más vocales que una sopa de letras como proclama un potroloco contra el acoso sexual en el que pide a las empresas que controlen las miradas impúdicas. Es de suponer que sólo las de los varones, claro, porque -hermana, no hay quien te crea- en el imaginario neocom las mujeres (no aclaran si las cisgénero, las transgénero -que pasarían de la nada al todo por un quítame allá ese bisturí- o las mediopensionistas) son unos seres puros e inmaculados… siempre que sean de izquierdas, claro.

Estábamos mejor cuando se dedicaba a matar moscas…

¡¡¡VIVA ESPAÑA!!!

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