miércoles, 16 de marzo de 2022

A otro perro con ese hueso

Que la izquierda española está ayuna de escrúpulos en lo que a la observancia de la Ley se refiere es algo que es conocido por propia confesión desde su estreno parlamentario. Que la actual, además, ha perdido la poca vergüenza que alguna vez tuvo, si es que la tuvo alguna vez, es algo que demuestran cada vez que tienen ocasión.

Hace unos años, un artista manchó -casi cabría decir profanó, puesto que era una tumba religiosa en un recinto consagrado- con pintura roja la lápida que cubría el lugar de reposo de los restos mortales de Francisco Franco. Hace un par de meses, la Sección Primera de la Audiencia Provincial de Madrid le absolvió de los delitos contra la libertad de conciencia y de actos de profanación y daños en tumba.

Con ser ofensivo contra la inteligencia que el pintamonas afirmara que llevó a cabo la ofensa por la reconciliación de los españoles, es que los magistrados nos toman por idiotas cuando fundamentan su fallo (nunca fallo fue tan sinónimo de error) en que los actos se cometieron cuando aún no había comenzado la misa (como si un recinto sagrado lo fuera sólo a determinadas horas o con ocasión de ciertos actos), de la cual el delincuente (absuelto, pero delincuente) decía no tener conocimiento.

Es como si alguien, de paseo por la calle Ferraz de Madrid, se para a la altura del número setenta y hace aguas mayores apoyado en la fachada, y ese alguien proclama que lo hace en aras del consenso político. ¿Se lo creerían sus señorías?

Pues yo tampoco me creo lo del profanatumbas.

¡¡¡VIVA ESPAÑA!!!

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