Los necionanistas catalanes tienen (entre otros, claro) dos defectos
importantes, hermanados ambos: tienden a creerse el ombligo del Universo (lo de ser el del
mundo se les queda pequeño) y, dado que en España nadie salvo la derechona les tose, piensan que todo
el monte es orégano y que nadie les va a llevar nunca la contraria.
Por eso, cuando los empresarios alemanes alertaron que la independencia de Cataluña resultaría nefasta para los propios catalanes, Tardá se despachó llamándoles nazis (no podía haber elegido otro adjetivo, no señor…). Como el
mejor desprecio es no hacer aprecio, los germanos respondieron que las palabras de Tardá no se merecían ni un comentario. Quizá viendo las orejas al lobo,
Tardá reculó diciendo que lamentaba haber podido ofender a algún empresario (probablemente, en su ámbito llamar nazi o asesino a alguien sea un cumplido, de ahí su perplejidad ante la
reacción de los teutones); pero, imbuido de esa soberbia ombliguista antes
mencionada, añadió al igual que ofende
que se haya asociado el carácter pacífico del nacionalismo catalán con la
violencia.
Teniendo en cuenta que su partido es IRC, en el que ingresaron
los terroristas catalanes de Tierra libre,
habría estado mejor con la boquita cerrada (bueno, eso siempre, pero en este caso
aún más).
¡¡¡VIVA ESPAÑA!!!
P.D.: Sí, ya sé que suelo emplear la imagen de un cerdo cuando se trata de los socialistas, y que tratándose de los nacionalistas catalanes sería más ajustado emplear su símbolo de un jumento... pero es que esta caricatura del noble puerco me recuerda al político al que me refiero, si es que hacemos abstracción del mostacho...
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