En los llamados programas de telerrealidad hay mucho de tele y poco de realidad. Es, en general, un espectáculo donde aspirantes a famosos -como leí hace tiempo, gente que es famosa sólo por ser famosa- buscan llamar la atención de todas las maneras posibles.
Es el caso de uno de esos programas de cocina
que tanto han proliferado últimamente, con sus diversas variaciones (niños,
celebridades, desconocidos). En la última edición, una de las concursantes es
musulmana (y negra, de remate). La polémica, dicen, surgió porque la susodicha se negó a cocinar cerdo. Algo muy respetable, pero a ese concurso vas
a lo que vas, y si no te gustan las reglas nadie te obliga a estar.
Naturalmente, fue expulsada.

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