Ya dijo Abraham Lincoln que puedes engañar a todos algún tiempo, y a algunos todo el tiempo, pero no puedes engañar a todo el mundo siempre.
Una lección elemental que los epígonos del
vago vocacional no parecen haber asimilado. Máxime en el mundo del siglo XXI,
donde todo se sabe más pronto que tarde, y donde nada puede ocultarse
eternamente.
Esto, unido al espíritu de sentirse impunes
que ha dictado todos sus actos, hace que los miembros del desgobierno
socialcomunista que tenemos la desgracia de padecer, cuando sus trapos sucios
son expuestos al escrutinio público, se vean en un brete.
Si, además, se trata de gente tan parecida a
Demóstenes antes de su paseo por la playa, te encuentras con situaciones
verdaderamente chuscas. Es lo que le ha ocurrido a la flamante candidata al
desastre electoral en Andalucía, Petisú Montero, cuando ha trascendido
el intercambio mensajeril con una de las antiguas manos derechas del psicópata
de la Moncloa, ese sujeto que ha tenido la desgracia de que todas sus sobrinas
le hayan salido ligeras de cascos (me pregunto de dónde vendrá esa expresión…).
Según ella, se trataba sólo de mensajes entre compañeros.
Compinches sería más apropiado, creo yo.

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