Hay veces en que las cosas, aunque ocurran por casualidad, desprenden un tufo a causalidad que apesta.
Porque, vamos a ver, yo no digo que el hecho
de que el presidente del Tribunal de Justicia de la Unión Europea fuera
nombrado doctor honoris causa por la Universidad Autónona de Barcelona
antes de avalar la ley de bajada de pantalones fuera el hecho determinante de
semejante aval. Porque ese tipo de doctorados los dan como churros (hasta el
genocida de Paracuellos tuvo uno), y no parece una contraprestación suficiente.
También podría ser que algún pajarito les hubiera filtrado a los catalinos cuál
sería el fallo de la corte europea, y decidieran agradecérselo agasajándole
de semejante manera.
Pero vamos, que si yo fuera el magistrado comunitario, lo habría rechazado. Por aquello de la mujer de César y las apariencias, más que nada…

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