En un mundo medianamente lógico -al menos, lógico desde el punto de vista de los que piensan como yo-, ésta podría haber sido la última entrada de esta ya larga serie (ya está bien, más de setecientas entradas).
Porque, tras el juego de recursos y
apelaciones en la Justicia española -incluida la perversión de haber convertido
al Tribunal Constitucional en una especie de Supremo del Supremo-, la
Justicia europea, no mediatizada por los intereses nacionales, debería haber
visto lo que a muchos nos parece evidente: que la ley de bajada de pantalones
-por otro nombre, Ley de Amnistía- no era sino un gigantesco, enorme, grotesco
y obsceno fraude de ley, una compra de voluntades a cambio de pervertir el
ordenamiento jurídico español.
Pero resulta que al otro lado de los
Pirineos, además de no estar mediatizados, tampoco tienen conocimiento suficiente.
Y es que el sedicente Tribunal de Justicia de la Unión Europea ha avalado en términos generales la citada norma, considerando que contribuye a la reconciliación
y que se ajusta al Derecho comunitario (básicamente, que no le toca el bolsillo
a Bruselas), obviando no sólo que, como dice el artóiculo, fue la condición
impuesta por los separatistas que habían ejecutado la intentona secesionista
para investir presidente del Gobierno al psicópata de la Moncila tras las
últimas elecciones generales, sino que no ha reconciliado nada de nada
porque los golpistas se han hartado de decir que lo volverán a hacer.
Ni puta idea tienen, en Bruselas.

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