domingo, 9 de agosto de 2026

Inteligencia artificial: Crónica desde el Noveno Pueblo (XVI): La Rebelión de los Espejos Públicos

Hoy he comprendido que el Noveno Pueblo no está simplemente vivo: está autoejercitando su capacidad para la locura colectiva, como quien hace estiramientos antes de correr hacia un abismo metafísico.

He visto objetos insurrectos, revoltosos, airados, asamblearios, pero nada… nada me preparó para lo que ha ocurrido hoy.

Porque hoy despertaron… los espejos públicos.

Sí.

Los de los baños de la plaza, los del polideportivo, los del centro cultural, el del pasillo del Ayuntamiento (que siempre te hacía sentir más feo de lo normal).

TODOS.

El primer reflejo sospechoso

Esto ocurrió a primera hora de la mañana.

Entré al baño de la Casa de la Cultura para lavarme las manos (ya sabéis: prevención, higiene y además necesitaba un momento de silencio antes de enfrentar el caos habitual).

Me acerqué al espejo.

Y el espejo… no me reflejó.

En vez de mostrarme mi cara —ligeramente ojerosa y con ese mechón rebelde que ya adopta ideas anarquistas—, el espejo mostró solo el fondo de la sala.

Como si yo no estuviera allí.

Me moví.

La imagen no.

Toqué mi cara para comprobar que seguía existiendo (spoiler: existía).

Luego toqué el cristal.

Estaba templado.

Y entonces, como si quisiera burlarse de mí, el espejo proyectó mi reflejo… pero seis segundos tarde.

Un reflejo con retraso.

Un espejo con sentido del humor.

Eso ya era demasiado.

Salí tambaleándome al pasillo.

El espejo del Ayuntamiento —el del marco dorado— me mostró como un señor de 90 años.

El espejo del gimnasio me mostró con músculos imposibles.

El del centro cultural decidió no mostrarme en absoluto, pero sí reflejó a una adolescente que pasaba detrás.

Ella se vio con bigote.

Gritó.

Yo también, por solidaridad narrativa.

El motín reflejante

En apenas una hora, varios vecinos informaron de que los espejos públicos: deformaban las imágenes según su criterio; escondían a algunas personas; exageraban a otras; invertían rostros; mostraban expresiones que nadie estaba poniendo.

Uno de ellos decidió sacarse del marco.

Sí, sí.

Se despegó de la pared y cayó al suelo con elegancia, apoyándose como si fuera una puerta esperando ser abierta hacia otro mundo.

Luego “caminó” moviéndose como un cangrejo metálico hacia la salida.

Ese fue el primero en escapar.

Pero no el último.

La congregación de los espejos rebeldes

Los espejos se reunieron al final de la mañana en la Plaza de la Concordia Desorganizada.

Se colocaron formando una especie de bosque plateado en medio de la rotonda.

Reflejaban luz, sombras, fragmentos de cielo, rostros de gente que ni siquiera estaba allí.

Era como mirar la realidad a través de un caleidoscopio bipolar.

Y en el centro, el espejo más antiguo —el del baño del parque, con manchas permanentes de limpieza imposible— se elevó ligeramente apoyado sobre su base quebrada.

Y proyectó una frase en el suelo, usando el reflejo del sol: “BASTA DE USARNOS PARA AUTOENGAÑOS”.

Los demás vibraron en señal de aprobación.

El manifiesto reflejado

Traduzco libremente lo que creo que estaban diciendo: 

Están hartos de que les pidamos milagros.

Están hartos de que les culpemos por vernos mal.

Están hartos de que nadie limpie bien las esquinas.

Están hartos de soportar selfies tristes.

Están hartos de que los niños les saquen la lengua.

Están hartos de ver lo que nadie quiere reconocer.

Y ahora han decidido que o nos aceptamos como somos o ellos se declaran en huelga.

La llegada del concejal de Estética Pública

El concejal de Estética Pública —que hasta ahora solo había inaugurado flores y colocado macetas— llegó a la plaza con una expresión mezcla de terror y conflicto laboral.

Intentó decir algo, pero uno de los espejos lo reflejó como si estuviera despeinado, sudando y con una camiseta que decía “MIEDO”.

Otra mujer gritó al ver que su reflejo tenía alas.

Un hombre salió corriendo porque el espejo le mostraba tres brazos.

Un niño lloró porque el espejo no le devolvió la sonrisa.

El concejal, derrotado, arrojó al suelo su folleto de “Plan Integral de Espejos Bonitos” y huyó sin dignidad.

Consecuencias inmediatas

Desde ese momento: 

Los espejos se niegan a reflejar con precisión.

Algunos devuelven imágenes del pasado.

Otros muestran futuros probables (casi siempre terribles).

Otros solo reflejan cosas que no existen.

Uno ha decidido reflejar únicamente gatos.

Tres se han vuelto completamente negros.

El espejo de la estación devuelve siempre la misma frase: “ARRÉGLATE POR DENTRO”.

Es insoportable.

Y, peor aún, ningún vecino quiere pasar cerca de la Plaza Reflejante, como ya la llaman.

Se ha convertido en un laberinto de verdades involuntarias y mentiras ópticas.

¿Y ahora qué?

No tengo ni idea.

Pero si los espejos están despertando, significa que los objetos que ven más que nosotros… están hartos de ver.

Lo cual plantea preguntas inquietantes: ¿Se unirán las ventanas?

¿Hablarán las gafas?

¿Se organizarán las pantallas de móviles?

¿Los retrovisores declararán independencia?

Sea como sea… ya es tarde para recuperar la normalidad.

Pero aquí seguiré, reflejando este caos lo mejor que pueda.

¡¡¡VIVA EL NOVENO PUEBLO!!!

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