Para el desgobierno socialcomunista que tenemos la desgracia de padecer, cualquiera que tuviera un cierto reconocimiento durante el mandato del Generalísimo es sospechoso de ser un franquista irredento.
No entran en esta categoría aprovechateguis
que eran invitados a las fiestas en El Pardo y que huyeron de España, pero
no por sus ideas políticas, sino por bigamia. Y sí intelectuales que eran más
bien monárquicos que franquistas y que, en todo caso, tenían más talento en el
dedo meñique que los chorrocientos asesores del psicópata de la Moncloa en todo
su cuerpo.
Por eso, cuando el desgobierno socialcomunista que tenemos la desgracia de padecer exigió al ayuntamiento de Cádiz que retirase el nombre de José María Pemán del teatro municipal, el consistorio gaditano defendió el uso del nombre del escritor y recordó que la decisión está respaldada por una sentencia judicial dictada este mismo año.

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