Suele decirse que un buen líder no tiene por qué ser la persona más capaz, sino aquella que sabe rodearse del mejor equipo posible.
Sin embargo, la cosa tiene un límite. Cuando el
volumen del equipo empieza a ser considerable, es legítimo pensar que el líder
al frente es un incapaz que no tiene ni idea de nada, que ocupa el puesto de
pura chiripa y que se sabe indigno del mismo, pero que no quiere abandonarlo de
ninguna de las maneras.
Eso es lo que pasa, probablemente, en el
complejo de la Moncloa. El psicópata que detenta la presidencia del desgobierno
socialcomunista que tenemos la desgracia de padecer ha batido de nuevo un récord,
y su equipo de asesores ya alcanza las cuatro cifras (para los de letras: que
son más de mil), un sesenta y ocho por ciento más que cuando cambió el colchón
de la residencia oficial de la segunda autoridad del Estado.
Y si a pesar de toda esa gente se la siguen
colando doblada y sigue siendo un cero a la izquierda en la política
internacional, hasta sus votantes más incondicionales deberían cuestionarse la
aptitud del yerno de Sabiniano para tan alta responsabilidad.
De hecho, los detractores de Isabel Díaz Ayuso suelen decir que se lo debe todo a su jefe de gabinete, Miguel Ángel Rodríguez. Admitiendo que la presidente de la Comunidad de Madrid sea una perfecta inútil, tendrán que admitir que tiene un ojo excelente para elegir asesores: con uno solo pone al contrario más nervioso de lo que él le pone a ella con mil.
No hay comentarios:
Publicar un comentario