En la entrada anterior me refería al psicópata de la Moncloa como cero a la izquierda en la política internacional. La afirmación no es completamente exacta.
En realidad, sí que juega un papel en el
tablero mundial. Es el de tonto útil de las tiranías que quieren doblegar
Occidente, tengan sede en Moscú, Teherán o Pekín. Y si trabajar para ellos es
estúpido, además de malvado, hacerlo abiertamente roza la idiocia más absoluta.
Es bien sabido que en la China comunista no
existen empresas privadas como tal. Existe aquello que el partido ha decidido
permitir que exista, por el tiempo que el partido permita que exista y con los
fines que el partido desee. Y uno de esos fines, si no el más importante sí de
los principales, es trabajar para el partido; o, dicho de otra manera, espiar.
Si además se trata de una empresa que ha colaborado en la modernización del Ejército chino y en el despliegue de infraestructuras vinculadas al espionaje y la ciberseguridad, que por ello ha
sido vetada por Estados Unidos (por más que Washington acostumbra a tener sus
propios motivos, no siempre confesables, para tomar sus decisiones, y más con quien
ocupa actualmente el Despacho Oval), y que otra se ha instalado en Ferrol -a
pesar de las dudas manifestadas por el Ministerio de Defensa-, cerca del
arsenal militar y del astillero de Navantia, los riesgos potenciales de
espionaje asociados a este tipo de operaciones son más que evidentes.
Que el psicópata de la Moncloa hable de un
modelo de cooperación que trascienda el simple flujo comercial para enfocarse
en un desarrollo industrial y tecnológico conjunto, y que las sinergias
entre firmas españolas y chinas ofrecen una oportunidad estratégica para
emprender proyectos de inversión compartidos es como hablar de la
colaboración entre leones y chacales.
Colaboración que durará tanto como al león le apetezca, y ni un minuto más. Y que tenga cuidado el chacal, no sea que el león decida comérselo.

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