Ya sé que me repito más que el ajo, pero la realidad es testaruda y tiende a darme la razón (o así lo veo yo).
Me refiero (esta vez) al hecho de que hay dos
maneras de hacer las cosas: la del desgobierno socialcomunista que tenemos la
desgracia de padecer y la correcta. Tomemos, por ejemplo, el caso de la
invasión marroquí de Ceuta.
El autodenominado diario independiente de
la mañana (será que depende de la tarde), antaño director de la actividad
del gobierno y más recientemente simple portavoz del desgobierno
socialcomunista que tenemos la desgracia de padecer, publicó el dramático testimonio
de una de las invasoras, que había huido de su país, Marruecos, por culpa de su
familia y por la desigualdad entre hombres y mujeres que fomenta el Islam. Muy triste,
muy humano, muy lastimoso… si no fuera por el hecho de que en redes sociales
afirma que vive en Dubái, que ha estudiado en inglés en el American Language
Center de Tánger y que suele acudir a bastantes fiestas.
Y mientras, los policías nacionales enviados a Ceuta han sido olvidados por el ninistro Pequeño y si duermen bajo techo es gracias al ejército.

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