martes, 20 de enero de 2015

NOS4A2

Descubrí a Joe Hill un poco por casualidad, aunque desde entonces he comprado y leído todas sus novelas. No hay duda que el hecho de ser hijo de Stephen King ha de haberle influido: de entre todos los géneros literarios posibles, ambos se han decantado por lo que podría llamar terror cotidiano, en el sentido de que lo que narran en sus novelas, en general, podría ocurrir en nuestro mundo si una determinada circunstancia se produjera. Esto ocurre más en el caso del hijo (al fin y al cabo, tiene una carrera más corta), ya que todas sus novelas tienen un componente sobrenatural (los espíritus en El traje del muerto, el diablo en Cuernos y un mundo imaginario real en el caso que nos ocupa), mientras que el padre ha escrito novelas de terror perfectamente reales (así, a bote pronto, se me ocurren Cujo, El juego de Gerald, La larga marcha, Rabia, El perseguido, Misery…).
Algo que también tienen en común ambos escritores es el hecho de que sus novelas enganchan, y que están dispuestos a eliminar a personajes importantes con los que el lector puede haberse encariñado sin el menor escrúpulo. Se diferencian, al menos en esta novela, en que el efecto bola de nieve es menos apresurado. Stephen King suele empezar despacio para ir acelerando gradualmente y llegar al desenlace cuando quedan relativamente pocas páginas; en cambio, Hill dedica prácticamente la segunda mitad del libro a contarnos el enfrentamiento definitivo entre Manx y Vic.
Cuando leía el libro me dio la impresión de que era una obra que podría haber escrito perfectamente King (esto es un elogio). No diré que un King primerizo, porque la primera obra que publicó –Carrie-, por estilo y estructura, era francamente impresionante, pero sí un King que no hubiera alcanzado todavía la consolidación de su estilo. Por otra parte, el nudo de la villanía en la obra –un coche y su conductor unidos en una suerte de simbiosis demoníaca- me recordó a Christine.
También como King, Hill introduce de refilón referencias a sus novelas anteriores (unas más claras, otras más elípticas), pero además lo hace a algunas obras de su padre (entre las que pude reconocer inmediatamente, a It y Doctor Sueño).
Finalmente, y en cuanto a la edición española, hay algunos errores de puntuación y redacción, y un desliz bastante llamativo: en la página 168 se dice ¡El Wraith, es el Wraith!, cuando asumo que debería decir ¡El Espectro, es el Espectro!, ya que a lo largo de toda la novela es así como aparecen tanto el vehículo como su conductor.
¡¡¡VIVA ESPAÑA!!!

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