viernes, 28 de agosto de 2015

No tan ejemplar

Nunca pensé que ocurriría, pero de un par de años a esta parte he empezado a discutir con mi padre de fútbol. A priori, no tendríamos por qué hacerlo, puesto que ambos somos aficionados de equipos relativamente modestos: él, del Rácing de Santander; yo, del Real Club Deportivo Español de Barcelona. Por historia y por títulos, el Español es un poco menos modesto que el Rácing, pero vamos, ambos nos damos con un canto en los dientes si al final de temporada nuestros equipos logran mantener la categoría sin demasiados agobios (actualmente, el Rácing está una categoría por debajo del Español, pero nos entendemos).
No, lo que nos hace discutir no son nuestras filias, sino nuestras fobias. Mi padre detesta al Real Madrid; yo odio al Barcelona todavía más, porque llegado el caso mi padre se resignaría a que el Madrid ganara una competición internacional, mientras que yo al Farça ni agua. Las conversaciones suelen ser del tipo:
  • Los árbitros favorecen al Madrid.
  • Y al Barça también.
  • Cristiano es un chulo.
  • Y Messi también.
  • El Madrid juega para Cristiano.
  • Y el Barça para Messi.
  • Cristiano mete los goles en fuera de juego y Pepe es expulsable en cada partido.
  • Ya, y los del Barcelona van de hermanitas de la caridad y reparten tanta estopa como los del Madrid.
Y remato la cosa diciendo que, al menos, los del Madrid no son unos hipócritas y que, como te digo siempre, papá, que Hitler fuera un monstruo no convierte a Stalin en un santo.
Centrándonos en las figuras de ambos equipos, para mi padre Cristiano es un chulo, un creído, un chupón y un acaparador. Yo no lo niego, pero digo que al menos no disimula, y que el enano hormonado es al menos tan capullo como el portugués y que al de Madeira todavía no le he visto pegar un patadón al balón sin venir a cuento enviándolo a la grada y darse la vuelta con una risita de conejo… y al de Rosario, sí.
Pero parece que al argentino se le está acabando el disimulo, porque en uno de los partidos de la pretemporada –en concreto, contra la Roma- agarró del cuello a uno de los defensas de la escuadra italiana, e incluso le dio un cabezazo. Y esta vez no se fue de rositas, porque le sacaron tarjeta amarilla.
Que ya iba siendo hora, hombre…

¡¡¡VIVA ESPAÑA!!!

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