sábado, 15 de octubre de 2016

Mi alcaldesa y otros animales

La izquierda está trufada de eso que –creo recordar que era él- Alfonso Ussía denomina ecologista coñazo. Es decir, alguien que, según él mismo, se preocupa por el medio ambiente, pero que además no deja de manifestarlo machaconamente a la menor oportunidad que se le dé (y aunque no se le dé, es como esos cuñados arquetípicos que no pierden ocasión de intervenir venga o no venga a cuento). Aunque muchos de esos ecologistas sean en realidad ecolojetas (Al Gore sería un caso típico), porque en su vida diaria contaminan mucho más que aquellos a los que dicen combatir.
Ya en tiempos del viejo profesor se pretendió recuperar el Manzanares, de modo que en él vivieran peces y patos. Peces no sé, patos sí que quedan; pero lo que hay, sobre todo, son gaviotas (¡en Madrid!), que son las verdaderas ratas con alas del mundo animal (y no los murciélagos). Ahora, doña Rogelia y su equipo han anunciado que plantarán dieciséis mil ochocientas treinta y una plantas (ni una más, ni una menos) en el aprendiz de río, y que pretenden introducir nutrias.
Al tiempo, pero algo me dice que la gente se va a dedicar a cazarlas, y no a admirarlas. Eso, si sobreviven.

¡¡¡VIVA ESPAÑA!!!

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