sábado, 29 de julio de 2017

No hay peor sordo que el que no quiere oír

Hace un mes, un centenar de personalidades catalanistas (si eso son personalidades, tiemblo de pensar en los borregos que componen la grey secesionista) solicitaron a la Generalidad catalana que abortara el butifarrendum II.
Presentaron un manifiesto (un papelito firmado de esos que tanto les gusta pergeñar a los progres, porque escribir es muy fácil) que denunciaba que la reciente convocatoria hipotéticamente refrendaria no se fundamenta ni en el Estatuto, ni en la Constitución, ni en el Derecho Internacional. Al contrario, atenta contra la esencia misma de la pervivencia del Estado de Derecho. Añadía otra evidencia, como que las leyes que conducirían a una pretendida declaración de independencia permanecen escondidas a las fuerzas políticas del arco parlamentario que representan más de la mitad del pueblo catalán. Es un artificio que constituye una verdadera sustracción el ejercicio de la potestad legislativa propia de una nación civilizada y de una democracia madura, y remataban diciendo que no se cumplen los requisitos para que sea democráticamente homologable.
Después de tan encomiable (y perogrullesco) comienzo, los promotores de la petición de que se suspenda el referéndum del 1 de octubre definieron Cataluña como una entidad nacional y jurídica, que existe y existirá antes y después del primero de octubre, y su continuidad la garantiza, afortunadamente, la Historia y su voluntad de ser, reafirmándose en la pervivencia y primacía del Derecho y de la democracia. Cataluña, heredera de la tradición jurídica más noble e irrenunciable, ha crecido en su entorno.
Y la cosa empeoró, porque los firmantes pidieron (cómo no) negociación: Igualmente, con la misma convicción y el mismo sentimiento de urgencia, pedimos, a quienes tienen la legitimidad política para hacerlo, y en particular al Gobierno español, que se esfuercen al máximo para acordar soluciones positivas para Cataluña y para el conjunto de España.
Las únicas soluciones que sean positivas para Cataluña y para el conjunto de España fue la que tomaron las autoridades (republicanas) de España hace más de ocho décadas: mandar a todos a la cárcel. Porque esas son las únicas razones que entiende esta gente.

¡¡¡VIVA ESPAÑA!!!

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