Un socialista español es marxista, pero sólo en el sentido de ser un fiel seguidor de los postulados de Julius Marx.
Es decir, que afirmará solemne y
taxativamente tener unos principios claros, nítidos e inamovibles, a los que se
atendrá en toda circunstancia. Eso sí, llegado el caso, no le causará el menor
problema cambiarlos por otros.
En esto, el desgobierno socialcomunista que
tenemos la desgracia de padecer en un ejemplo quintaesenciado. El psicópata de
la Moncloa no iba a pactar con los neocom, y pactó. El psicópata de la
Moncloa no iba a pactar con los secesionistas catalanes, y pactó. El psicópata
de la Moncloa no iba a pactar con los terroristas, y pactó. El psicópata de la
Moncloa no iba a conceder una amnistía a los golpistas de la barretina, y la
concedió. El golpista de la Moncloa iba a presentar el proyecto de presupuestos
generales del Estado, y no lo presentó (durante tres años seguidos… de
momento). El golpista de la Moncloa no iba a indultar a políticos, y los
indultó. El psicópata no iba a trocear el decreto ómnibus para intentar salvar
la subida de las pensiones, y lo troceó.
Lo malo de Groucho Marx es que sólo era un actor recitando un papel. Lo del psicópata de la Moncloa va en serio, y lo pagamos todos los españoles. Incluyendo los que le votaron.

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