Digo con frecuencia que la franquicia catalana del partido de la mano y el capullo no es en aquella región parte de la solución, sino parte del problema.
Porque que formaciones como los jotaporcatos
o los ierreceos se nieguen a que la bandera de España ondee en la
asamblea legislativa regional y desafíen a la Justicia entra dentro de lo
esperable. Pero que a ellos se una la formación capitaneada por el filósofo
perico se compadece bastante poco con la etiqueta de constitucionalistas que
con tanta frecuencia se les ha aplicado.
No soy yo, son los hechos: por sus obras los conoceréis, dice el refrán.

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