A un ególatra le gusta ser el centro de atención. Lo que probablemente no le guste tanto es serlo porque le están poniendo a parir.
Es lo que ocurrió en la sesión del Parlamento
Europeo que tuvo lugar la última semana del pasado mes de Abril. No sólo le
criticaron eurodiputados españoles -algo que cabía esperar- al hilo del apagón
peninsular del que en esas fechas se cumplía el primer aniversario y del que
todavía no tenemos una explicación clara de las causas.
También le criticaron miembros de otros
países, como el eurodiputado italiano que le calificó como el mayor patrocinador europeo de la guerra de Putin, por el hecho de haber aumentado
la compra de gas licuado ruso en un porcentaje mayor que el de regímenes tan
prorrusos como era el de Orban.
La defensa de los de la mano y el capullo fue… reclamar la suspensión del acuerdo de asociación con Israel.

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