Dijo Julius Marx que la política es el arte de buscar problemas, encontrarlos, diagnosticarlos incorrectamente y aplicar los remedios equivocados.
En el desgobierno socialcomunista que tenemos
la desgracia de padecer, ésta es una regla que se cumple a rajatabla. Tomemos,
por ejemplo, el caso de los asesinatos de mujeres a manos de sus parejas
masculinas (eso que el rojerío denomina violencia machista). Para
evitarlo, se supone, el psicópata de la Moncloa creó un llamado Ministerio
de Igualdad, que ha hecho más por empeorar las cosas de lo que habría
ocurrido de no hacer nada.
No sólo ha colocado al frente a una sucesión
de inútiles de cada vez mayor estupidez (siempre mujeres), sino que ha
excretado normas como la ley que liberó a centenares de violadores y asesinos.
Y ahora aumentan los antedichos asesinatos, mientras continúan los fallos en
las pulseras antimaltrato.
Que, la verdad, no sé a quién se le ocurrió el nombrecito, desde luego.

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