domingo, 3 de febrero de 2013

Rajoy, rajao


El problema del actual gobierno de España no es que no haga reformas, sino que las hace poco y mal. Con su ineludible actitud de maricomplejines, iniciativas destacables en su planteamiento acaban siendo algo completamente descafeinado y poco efectivo, que responden perfectamente al refrán español de para este viaje no necesitábamos alforjas.
El último ejemplo (de momento… en política, lo último siempre es lo último de momento) ha tenido lugar hace poco, cuando se ha aprobado el anteproyecto de la Ley de Unidad de Mercado. Por un lado, la presión de las comunidades autónomas (ese nefasto invento de la Constitución de 1.978) ha hecho que la unidad no sea tal; por otra parte, se mantienen la vigencia de las leyes autonómicas que obligan al uso de la lengua regional en el etiquetado o los comercios (o, más bien, prohíben el uso del español, única lengua que todos los españoles tienen el deber de conocer… y el derecho a usar), con lo que la libertad de mercado se va por el mismo sumidero que la unidad que da nombre al texto legal.
¡¡¡VIVA ESPAÑA!!!

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