viernes, 17 de julio de 2015

Sir Gawain y el caballero verde

Conocía la existencia de esta historia, probablemente, incluso desde antes de saber que existía un corpus artúrico. Como no podría ser de otra manera, fue gracias a leer las obras de Tolkien, ya que en la biografía del autor se mencionaba la edición que hizo el creador de la Tierra Media. También conocía la versión cinematográfica –que no he visto- interpretada por Sean Connery y Miles O’Keefe (el Tarzán de la versión de John Derek… glups).
Claro que, después de haberme ventilado en el último año más de dos mil páginas (y de cuatro mil, probablemente; estaba pensando sólo en el ciclo de la Vulgata) sobre el antiguo y futuro rey, esta obrita sabe a poco. De hecho, al leerlo he tenido la impresión de que la visita del caballero verde es un macguffin en toda regla, un pretexto para narrarnos una aventura del sobrino de Arturo y el proceso de su evolución espiritual.
Porque, no nos engañemos, lo que le ocurre a Gawain podría haberle ocurrido aunque el caballero fuera rojo, amarillo, violeta o de cualquier otro color; incluso aunque no hubiera habido caballero, porque puedo dar fe de que los caballeros de la Mesa Redonda eran capaces ellos solitos de meterse en aventuras semejantes sin necesidad de que nadie les encaminase.
Por lo demás, una obrita que se lee rápidamente y que, en la edición que tengo, viene acompañada de tres artículos escritos por autores contemporáneos es los que se profundiza ligeramente, valga el cuasi oxímoron, en la simbología que encierra la obra. Probablemente al leerlo en español (y en prosa) se pierda la gracia del verso aliterado original. Qué le vamos a hacer…
¡¡¡VIVA ESPAÑA!!!

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