miércoles, 4 de septiembre de 2019

Hacerse el sueco

En el tema del llamado calentamiento global, cambio climático o como se quiera llamarlo, me alineo en lo que se podría denominar el lado de los escépticos. Y ello no sólo porque, al modo de los adventistas del séptimo día, las predicciones apocalípticas de los catastrofistas yerren vez tras vez (si hubieran acertado, España habría sido cubierta por las olas… varias veces), sino porque, si están en lo cierto, ¿a santo de qué falsificar los datos, o de tirar de demagogia con fotos sacadas fuera de contexto o, directamente, falaces?
Es por ello que cuando la figura de Greta Thunberg saltó a la palestra, no me fie demasiado. Quizá se deba a su gesto estólido (por lo visto la niña tiene algo de síndrome de Asperger, y quizá a eso se deba su rictus facial), o quizá a que –salvo que se trate de genios como Mozart- piense que no debe dejarse a los niños que se ocupen de asuntos de mayores. Quizá fuera que me olía a ecolojetismo, demagogia sandía, o simplemente que algo me decía que no me fiara.
Y parece que no andaba desencaminado. Quizá las intenciones de Greta sean sinceras, pero parece que las de aquellos que están detrás de ella no tanto: desde el lobby de la energía verde, a profesionales de la publicidad y las relaciones públicas, pasando por determinadas élites del movimiento ecologista y al think tank de un exministro socialdemócrata sueco que financian algunas de las principales empresas energéticas del país, y acabando por los padres de la niña, que parecen decididos a vivir de la criatura.
Así que Greta, vacker, ägna dig åt att avsluta dina studier och om några år pratar vi, okej?
¡¡¡VIVA ESPAÑA!!!
P.D.: El texto en sueco (porque se supone que es sueco) debería decir Greta, guapa, dedícate a terminar tus estudios y en unos años hablamos, ¿vale?

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