miércoles, 18 de septiembre de 2019

Menos paraísos virginales

Suele ser costumbre entre los populistas hispanoamericanos (no digo iberoamericanos porque, hasta donde yo sé, los brasileños guardan silencio en este tema) achacar todos los males de su situación presente, no a la inepcia de las clases dirigentes durante los dos últimos siglos, sino a la oprobiosa conquista y exterminio realizada por los genocidas e intolerantes invasores españoles. Que los que profieren semejantes denuestos tengan, en general, más sangre blanca que indígena parece no importarles en lo más mínimo.
Sin embargo, como se refleja –entre otras- en la película Apocalypto, del a menudo incómodo Mel Gibson, la situación en la América precolombina distaba mucho de ser ese idílico edén que los del párrafo anterior intentan pintarnos. Como en casi todas las partes del mundo, los imperios al otro lado del Atlántico (y había unos cuantos) se edificaron y mantuvieron a sangre y fuego. Por ello, tampoco acabo de entender del todo que sea noticia el que los sacrificios masivos de niños fueran un ritual habitual en el antiguo Perú.
¿Que los españoles nos cargamos el edén? Anda ya…
¡¡¡VIVA ESPAÑA!!!

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