domingo, 23 de abril de 2023

Polvo al polvo

Hace ahora casi dos semanas exactas que fallecía Fernando Sánchez-Dragó, de repente y poco después de haber publicado una entrada en redes sociales. Cualquiera querría morirse así: rápidamente, lúcido, viviendo como se ha deseado y habiendo puesto a parir a cualquiera que se le hubiera ocurrido. Naturalmente, lo más tarde posible; lo de morirse, digo.

Suele decirse que, muerto uno, todo son alabanzas. No ha sido así en el caso de Sánchez-Dragó, a quien los que le han puesto a parir han criticado su (presunta) pedofilia, lo que resulta incoherente con el espíritu progre, tan comprensivo con otros pederastas como Mahoma, o con la afirmación de la marquesa de Villa Tinaja sobre que los niños tienen derecho a tener sexo, si quieren.

Por otra parte, y aun suponiendo que fuera un pedófilo, eso no empece la calidad de su obra literaria. Porque, de nuevo los progres, suele olvidarse que Charles Chaplin se casó cuatro veces, con cuatro jovencitas a cual de edad más temprana; que Pablo Picasso trató mal a todas sus parejas; o que Pablo Neruda abandonó a su hija hidrocefálica y no quiso saber nada de ellas. Y nadie pone en duda que, cada uno en lo suyo (me refiero a su faceta artística), los tres eran bastante buenos (en realidad, de Neruda lo supongo, porque no he tenido el disgusto de leer nada suyo).

Pero, claro, todos ellos eran progres.

¡¡¡VIVA ESPAÑA!!!

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