Ya pensé –ahora no recuerdo si llegué a ponerlo por
escrito- que el hecho de que la ultraizquierda populista hubiese llegado al
poder en Grecia a comienzos de este año podría servir de lección en otros
países. No parece haber sido así del todo en España, donde en las elecciones
autonómicas y municipales los neocom
han obtenido unos resultados muy superiores a los que se merecen (aunque muy
inferiores a los que ellos habían pensado, vistas las encuestas).
Enfrentado a la dura realidad, el presidente del
gobierno heleno ha tenido que plegarse a las exigencias de los que mandan en el
club al que pertenece (pertenecemos), y visto el cisma (y el cisco) que se ha
montado en su formación, convocar nuevas elecciones para dentro de una semana
(a este paso, Grecia va a parecer Cataluña, y no sólo por el calamitoso estado
de su economía).
Esa genuflexión ha provocado un estertor en su
equivalente patrio. Así, mientras que la cúpula dirigente (léase, Junior y sus cuatro amiguetes) ha guardado un silencio de cementerio, sus bases tildan a Tsipras poco menos que
de traidor y lacayo de los mercados.
Es lo que pasa: azuzas a las hordas contra tus
enemigos y antes de que te des cuenta las hordas ya no te hacen ni caso.
¡¡¡VIVA ESPAÑA!!!
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