Se mire como se mire, el aborto es un crimen: un homicidio con premeditación y abuso de superioridad, lo que lo convierte en un asesinato.
Por alguna razón la izquierda, que tanto dice
oponerse a la pena de muerte -es decir, al homicidio institucionalizado por el
Estado-, es de lo más favorable a otras dos formas de terminar con la vida
humana: el aborto y la eutanasia.
Y como además de malvados son cobardes y
mentirosos, el desgobierno socialcomunista que tenemos la desgracia de padecer
ha decidido promover la reforma de la Constitución para blindar ese crimen como
derecho a través de la modificación del artículo 43 de nuestra Carta
Magna, en lugar de hacerlo a través de la reforma del artículo 15.
En este último caso sería necesaria, tras la
aprobación por el Parlamento, la disolución de las Cortes, una aprobación en
referéndum y una ulterior ratificación por las nuevas Cortes. Con la vía
escogida, en cambio, sólo necesitan una mayoría de tres quintos en cada
una de las cámaras; en caso de discrepancias, un nuevo texto sería elaborado
por una comisión mixta Congreso-Senado para ser votado; y de persistir el
desacuerdo, sería necesaria una mayoría de dos tercios en el Congreso y mayoría
absoluta en el Senado.
En cualquier caso, para perpetrar semejante fraude a la Constitución sería imprescindible la colaboración del partido más votado en ambas cámaras.

No hay comentarios:
Publicar un comentario