Cuantos más detalles se van conociendo de la invasión de Ceuta por decenas de miles de marroquíes, más claro parece que aquello fue, efectivamente, una invasión, y no un suceso espontáneo e improvisado.
Porque hace un mes se supo que desde el país
cuya bandera es un pentagrama verde sobre fondo rojo se envió a sesenta y ocho niñas de un orfanato a la ciudad española a las cinco de la mañana. Tan espontáneo
movimiento fue facilitado por el ejército, que las levantó de sus camas, las metió
en autobuses -el orfanato estaría a más de cuatrocientos kilómetros de la
frontera- y las llevó para Ceuta.
Todo muy improvisado, como puede verse.

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